|
|
San Pedro - Historia
En 1845 Rosas gobernaba por segunda vez la provincia de
Buenos Aires; los unitarios, exiliados en Uruguay esperaban ayuda para
derrocarlo.
Para acercarnos a una comprensión
de los hechos que desencadenarían la Batalla de Vuelta de Obligado,
debemos tener en cuenta y hacer un breve repaso de la coyuntura
política internacional de la época. Situémonos en 1845. Juan Manuel de Rosas gobernaba la provincia de Bs.
As. por segunda vez. Por entonces había surgido un conflicto entre el
gobierno de Rosas y Uruguay, donde había accedido al poder de forma
inconstitucional Fructuoso Rivera. Un grupo de argentinos unitarios emigrados a Montevideo estaba empeñado
en afianzar al gobierno insurreccional de Rivera, del cual esperaban la
ayuda necesaria para lograr el derrocamiento de Rosas. Con este propósito llevaron a cabo una campaña propagandística en su
contra atrayendo la atención en especial de Inglaterra y Francia,
quienes por esos años necesitaban expandirse comercialmente, más
mercados consumidores para su excedente de producción y proveedores de
materias primas para sus industrias. Gran Bretaña antes y luego
Francia, apuntaron hacia el Río de la Plata. De esta manera, aprovechando el bloqueo ordenado por Rosas contra
Rivera, estos países se auto-convocaron como mediadores, invocando
razones de humanidad y civilización. Intereses Comerciales Los aliados anglofranceses trataron de aprovechar el momento propicio
que ofrecía la situación reinante en el Río de la Plata, para buscar un
motivo que justificara su presencia o intervención en el conflicto
surgido entre Rosas y el ocupante ilegal del gobierno uruguayo. De ese modo sería posible desarrollar una acción más amplia de libre
navegación y comercio en los ríos interiores de nuestro país, objetivo
fundamental de sus miras geopolíticas. Esta actitud fue considerada por el gobierno argentino como una
verdadera intromisión en los asuntos que correspondía dilucidar a
nuestro país, como era de práctica en el derecho internacional. No
obstante, la cancillería argentina argumentó acerca de los motivos por
los cuales había surgido la discordia con Rivera, y se mostró dispuesta
a aceptar la mediación ofrecida por el representante inglés, siempre
que se encontrasen los medios pacíficos para la restitución de la
autoridad legal expulsada a través de la fuerza por Rivera, cuya
renuncia y exilio eran necesarios para dar fin al conflicto. Estas condiciones expresadas, ponían de manifiesto las verdaderas
intenciones de los “mediadores”, quienes se verían como los
responsables del inminente fracaso de las negociaciones. La guerra inminente Rosas, amparándose en el error político de sus enemigos y
fundamentándose en principios del derecho internacional, dio aviso a
los representantes extranjeros para que no naveguen aguas adentro sin
autorización. Ordenó cerrar los ríos. Fracasado el último intento del
gobierno argentino a través de un acuerdo sobre frases honrosas, no
quedaba otra alternativa que prepararse para la resistencia. Los aliados anglo-franceses decidieron bloquear el puerto de Bs. As.
con el propósito de presionar a Rosas para terminar con el conflicto.
Aunque, según el comisionado brasileño ante las cortes de Londres y
París, los verdaderos propósitos de las potencias eran "...convertir a
Montevideo en factoría comercial para las potencias marítimas; obligar
a la libre navegación del Plata y sus afluentes; independizar Entre
Ríos y Corrientes, si sus habitantes lo quisiesen; fijar los límites
del Estado Oriental, Paraguay, y el nuevo estado de la Mesopotamia con
prescindencia del Brasil; conservar el estado de cosas en el resto de
la Confederación si Rosas accediera a la razón sin recurrir a las armas
o diese libertad de comercio. En caso contrario, levantar contra él a las fuerzas locales adversarias
suficientes para obrar apoyados por las fuerzas navales y poner en
Bs.As. un gobierno que de muestras de amistad hacia Europa". Al mismo tiempo que bloquearon el puerto de Bs. As, se propusieron
navegar el Río Paraná con el objeto de llevar a la práctica la libre
navegación de los ríos internos. De ese modo, los barcos no entrarían
en el puerto de Bs. As, sino que lo harían en Corrientes. Por otra parte, Paraguay declaraba su independencia, la cual no era
reconocida por el gobierno de Rosas. La navegación del río Paraná se
convertía en una condición necesaria y estratégica. Las fuerzas desiguales En noviembre de 1845, Rosas ordenó al General Lucio Mansilla apurar las
tareas en la zona norte de Buenos Aires. Este eligió la zona de la
Vuelta de Obligado, un paraje sobre el Paraná, donde las fuerzas del
gobierno porteño prepararon la principal fortificación para evitar que
las naves extranjeras avanzaran aguas arriba. La diferencia en cuanto a la artillería era mayúscula a favor de los
aliados, pero la cosa no habría de ser fácil para ellos pues el
dispositivo defensivo estaba muy bien planeado: el recodo del río hace
difícil la navegación a vela, máxime bajo fuego, la altura de las
barrancas era además una gran ventaja para la artillería de Mansilla.
La barrera flotante no era un mero signo de que el río estaba cerrado a
la navegación: resultó un escollo difícil de eliminar para el enemigo. Las fuerzas de nuestro país, bajo el mando del General Mansilla,
estaban conformadas por cuatro baterías colocadas sobre la barranca, a
cargo del Teniente Coronel de Artillería Juan Bautista Thorne. En ellas
había un total de 21 cañones, el mayor de los cuales era de 24 libras. Además se había dispuesto, atravesando el río, que tiene en su brazo
principal unos 800 metros de ancho en ese tramo, una barrera compuesta
por 24 buques desmantelados unidos por tres gruesas cadenas. Detrás de
esta barrera flotante, sobre la margen izquierda, recostada sobre la
isla, estaba el bergantín Republicano, único barco activo de la defensa
argentina; estaba anclado y con las velas arriadas: su misión era la de
servir de batería flotante con los seis cañones de que estaba dotado.
El dispositivo defensivo tenía también otras disposiciones menores,
además de las tropas de infantería y de caballería que estaban
apostadas en las cercanías de la barranca. El Combate El combate comenzó el día 20 a las 9 de la mañana. Durante tres horas
hubo un feroz intercambio de disparos y fracasaron los intentos por
cortar las cadenas. Pasado el mediodía se sucedieron los hechos
decisivos: primero se produjo la voladura del único barco argentino; el
parte inglés dice que a causa de una granada, el parte argentino dice
que por obra del propio capitán del Republicano que tomó la decisión al
quedarse sin municiones. Poco después una lancha inglesa lograba con
gran esfuerzo cortar las cadenas en un punto cercano a las islas;
entonces los tres vapores, que habían permanecido a retaguardia durante
casi toda la mañana, pasaron río arriba y comenzaron a bombardear las
baterías, las cuales quedaron entonces tomadas con fuego cruzado. El combate prosiguió varias horas, hasta que se produjo el desembarco
cerca de las seis de la tarde y la toma de las baterías. Cuando se
acabaron las municiones, ya en medio del estrago hecho por la
artillería enemiga, y se inició el desembarco, las tropas federales
defendieron la posición al arma blanca. Muchos fueron diezmados por la
fusilería; se perdió aquella posición luego de cruenta lucha. Quedaron en el campo de batalla alrededor de tres centenas de muertos
argentinos. Las bajas de los invasores fueron cercanas al centenar. La
flota, a la cual se sumaban cerca de cien navíos comerciales que venían
tras ella, permaneció en la zona varios días, reparando las averías,
antes de seguir remontando el Paraná. Consecuencias Las naves aliadas lograron pasar Obligado, llegaron hasta Corrientes,
pero fueron hostigadas siempre en su paso frente a las barrancas
santafesinas. Es verdad que hicieron buenos negocios, aunque no tanto
como imaginaban, pero el hecho es que no volvieron a intentar la
aventura militar. Regresaron por supuesto de otras formas, más sutiles
tal vez. El destacable valor de los combatientes argentinos y el honor salvado
en la ocasión, hicieron que el 20 de noviembre pasara a ser el Día de
la Soberanía. El combate de la Vuelta de Obligado se difundió, en ese
momento, por todo el mundo, y ni siquiera los más acérrimos atacantes
de Rosas, en Europa, pudieron dejar de elogiar el proceder de Mansilla
y sus hombres. San Martín comentaría en Francia “... los interventores
habrán visto que los argentinos no son empanadas que se comen sin más
trabajo que abrir la boca”. En 1847, Gran Bretaña se retira del conflicto por cuestiones internas,
por tanto era para ella importante la paz con este mercado platense,
proveedor además de materias primas. Las negociaciones serían arduas y
se extenderían en el tiempo, ya que Rosas no aceptaba las condiciones
propuestas por la potencia. La finalización del conflicto con las potencias europeas en términos
favorables al respeto por la soberanía nacional fue reconocido por
todos los sectores. Para el historiador argentino Félix Luna, "...El episodio de Obligado,
una simple batalla colonial para Francia y Gran Bretaña, es para los
Argentinos la expresión de una terca decisión de defender la
independencia nacional. Así lo entendió San Martín que en los suburbios
de la vejez dirigió a Rosas cálidas palabras de aliento. Y para los
argentinos de hoy, cuya idea de nacionalidad está vinculada a la de
liberación de modo inseparable, la jornada del 20 de noviembre de 1845,
tiene una virtud permanente. Todos los días hay una vuelta de Obligado
que defender, aunque baterías costeras y convoyes invasores asuman
otras formas, otros nombres, otras insignias”.
Compartir en Facebook
Más en esta sección
Se inauguró el tercer barco museo de la Argentina, el ARA Irigoyen
Encontraron una antigua construcción subterránea
Descubrimiento de un nuevo fósil revela detalles de un antiguo cauce
Encontraron en Vuelta de Obligado una antigua bala de cañón
Fué descubierto en Río Tala un nuevo sitio arqueológico
|
|