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San Pedro - Historia


Caminos y Puentes: factores de progreso e integración

Imagen de Caminos y Puentes: factores de progreso e integración

A lo largo del período colonial, el territorio de nuestro partido fue cruzado a lo largo de la costa por la ruta conocida como “camino a Santa Fe” también llamado “camino de las carretas” y más tarde ya dentro del período de la independencia, conocido como el de las diligencias primero y como camino de “carrera de postas” después; quienes intentaban cruzar el río Arrecifes debían hacerlo utilizando vehículos especiales o por medio de balsas.

Esta circunstancia hizo que ya al finalizar el año 1801, José María Navarro propusiera la construcción de un puente sobre aquel río y que nunca se autorizó. En 1872 Francisco Cambours y Eduardo Wyme elevaron una propuesta para construir un camino y los puentes necesarios para comunicarse con Baradero, solicitando como compensación la autorización para el cobro del peaje por un período determinado.

En el otro extremo del partido, el “antiguo camino a Córdoba”, que conducía al interior del país, a la altura de San Antonio de Areco tenía una derivación que permitía dirigirse directamente a San Pedro. A muy pocos kilómetros de aquel lugar volvía a bifurcarse nuevamente, un ramal se dirigía directamente a San Pedro y el otro utilizando el Paso de Andrade llegaba a Arroyo Burgos pasando luego por el “Ojo de Agua”, existente próximo al hoy Pueblo Doyle, donde se dividía nuevamente en 2 el camino; uno se dirigía a San Pedro y el otro pasando por donde estuvo la Capilla de San Patricio y luego por donde está el actual cementerio de Santa Lucía., se dirigía a San Nicolás. Este se cruzaba luego del paso de Chacón con otro que viniendo desde Arrecifes pasaba frente al lugar por donde supo estar el almacén San Patricio y llegar así hasta San Pedro.

La necesidad de impulsar las comunicaciones hizo que se abrieran a la par de estos caminos principales, huellas a través de los campos utilizando las partes más altas para evitar su anegamiento, recorrido que utilizaban las diligencias o galeras que eran las orientadoras en esos caminos borrados muchas veces por pantanos y lagunas inmensas, cuyos conductores eran los únicos conocedores de los pasos existentes en ríos y arroyos por donde se podía fácilmente cruzarse el cauce de éstos. Con el tiempo esas huellas se convirtieron en caminos, para pasar luego con sensibles modificaciones a conformar las rutas nacionales, provinciales o caminos vecinales dentro del partido.

Es en base a la existencia de los caminos mencionados que podemos afirmar que una de las principales preocupaciones de las autoridades fue precisamente la construcción de puentes que permitieran acceder fácilmente a un transito seguro y rápido.

Como los recursos económicos no estaban al alcance de los funcionarios, estos optaron por el otorgamiento de concesiones para la construcción de puentes con el derecho al cobro de peajes a quienes lo utilizaran, sistema vigente desde mucho tiempo atrás.

Es en base a ese principio como en la reunión del cuerpo deliberativo del 6 de agosto de 1860, se dio entrada a un pedido efectuado por Manuel Fernández para que se lo autorizara a construir un puente sobre el arroyo del Tala. El pedido fue aceptado con la condición de que después de hecho, la Municipalidad lo inspeccionara para establecer el peaje como asi también el tiempo que habría de cobrarse.

El 15 de noviembre de ese año el señor Fernández presentó los gastos hechos para la construcción del puente que fueron trasladados a la Comisión encargada por el Gobierno de montar dos puentes sobre el río Arrecifes y el Tala, proponiendo la venta de este último realizado.

En ese interín se recibió una propuesta de Baradero al mismo tiempo que un reclamo de Luis Roy que era quien había construido el puente, para que la Municipalidad le abonara lo que con su participación y consentimiento había invertido en él, que ascendía a 27.862 pesos moneda corriente, lo que fue acordado por el municipio que estableció la forma de pago y se tomo el tiempo necesario para su cancelación.

El Gobierno de la Provincia por su parte comprendiendo que uno de los medios más eficaces para impulsar el desarrollo de los pueblos era fomentar el comercio y el desarrollo de la industria, aumentando las comunicaciones entre los centros poblados, en 1873 comisionó a varios ingenieros para practicar los estudios necesarios en las distintas secciones, norte, centro y sud en que fue dividida la provincia para tal fin.

Para nada se consultó a los pobladores de las distintas localidades que iban a ser beneficiadas con las obras que se proyectaban y que eran los que estaban en mejores condiciones de indicar junto a los ingenieros, los puntos más convenientes para el trazado de los caminos y la ubicación de los puentes, atento a que ellos conocían los lugares de mayor tráfico y la facilidad para la conservación de lo realizado.

Finalmente sucedió lo que tenía que suceder, los puentes no se colocaron en los lugares que la experiencia indicaba como más convenientes. En el caso de los puentes colocados sobre el Arroyo del Tala y sobre el arroyo del Espinillo, el primero se colocó en el camino más largo de los 3 que conducían  a Arrecifes y en uno de los peores pasajes del arroyo “La Celestina”, donde la mayor parte del año se formaban bañados que imposibilitaban el tránsito. El otro también se colocó en el camino menos recto que llevaba a San Nicolás y donde menos hacía falta porque allí había un paso casi tan cómodo como el puente. En 1876 el Gobierno los entregó a la Municipalidad para que recaudara el peaje establecido y proveyese a su conservación.

Hoy día el país todo tiene una gran experiencia en la materia y los problemas y contratiempos que surgen con la aplicación del peaje no es cosa nueva, fue vivida por nuestros mayores albores de la época de mayor progreso del país.

Las quejas diarias actuales y las tribulaciones a que se ven sometidos más de una vez los usuarios, nos hacen recordar los padecimientos de aquellos que en siglo pasado debieron aceptar resignadamente el único sistema que les permitía avanzar en el sistema de comunicaciones.

Dichas quejas no era solamente de los particulares, había Municipalidades que cobraban igualmente en forma irregular eoss peajes y no atendían con su producido a la conservación de los mismos caminos y puentes; por eso con un decreto del año 1880 el gobierno pretendía que los municipios que percibían peajes invirtieran el producido íntegro de dicha recaudación para la reparación de los puentes y mantenimiento de los caminos. Esa situación se dio también en nuestro partido donde la falta de recursos obligaba a utilizar dicho sistema como único medio para lograr la tan ansiada comunicación.

 

Fuente: "Historia Documental de San Pedro", Tomo III, "Del pueblo a la ciudad", 1854-1907

Américo R. Piccagli, Ed. Rafael de Armas y Asociados



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