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San Pedro - Historia


Comercios y Actividades en los comienzos de San Pedro ciudad

Imagen de Comercios y Actividades en los comienzos de San Pedro ciudad

La población prácticamente ya se calzaba el titulo de urbe, había comenzado a sufrir la transformación propia de los pueblos que quieren avanzar por el camino del progreso y así lo confirma el periódico “El Independiente”, que en el interior de sus paginas da cuenta con avisos comerciales, de la existencia ya en el pueblo de una “Joyería Platería y Relojería” atendida por José Della Cella que anunciaba la venta de un esplendido surtido de alhajas de oro y plata, que incluían anillos, caravanas, relojes, cadenas brillantes y piedras preciosas; en fin una muestra cabal de que la sociedad comenzaba a cambiar sus costumbres y además que existía una demanda de esos productos. La prueba más acabada de ello, es la presencia de otro comercio del mismo ramo atendido por P.Reillon que se hallaba ubicado en la calle Comercio frente a la propiedad del señor Stein.

Las aspiraciones por exhibirse socialmente se evidencian en el ofrecimiento que otro comercio hacía en el ramo de confitería ubicado frente al Banco de la Provincia, que aún era único para el pueblo, reflejando además que el centro comercial se hallaba muy lejos de su actual ubicación. En él se recibían todo tipo de encargos referentes al ramo y se ofrecía una especial atención para fiestas de bautismos, casamientos o bailes, contando para ello con maestros pasteleros y confiteros.

Hacia los comienzos de la década de 1930, inició también su actividad la firma “Mariano Aldazabal” que se ocupaba de la elaboración de cigarrillos ofreciendo por otra parte ocupación para los jóvenes interesados en trabajar en su establecimiento “La Constancia”.

Don José Fagetti se había constituido en el sastre del pueblo ofreciendo gran surtido de casimires, colocando a su casa en condiciones para poder servir a su clientela como cualquiera de las mejores de la Capital.

No se descuidaba tampoco un aspecto muy importante y necesario para los que llegaban a este mundo en aquellos días; la Sra. María St. Paul de Etchegaray, partera francesa recibida en París y en Buenos Aires ofrecía sus servicios profesionales a los habitantes del pueblo.

A la atención de la salud se le agregaba el aspecto personal; barberos y peluqueros ofrecían sus servicios y participaban al público con avisos en los periódicos locales de su actividad en el ramo como Antonio Forlano, el cual ofrecía una atención especial en su establecimiento “Globo” ubicado en la esquina de la calle Salta y Defensa, hoy Yrigoyen; parece que las esquina sampedrinas son tradicionales en materia de profesiones.

Este aspecto de la pulcritud era complementado por don Juan Simbonnet que tenia la “Tintorería del Porvenir”, cuyo establecimiento hacía cruz con el Correo Nacional. Allí tanto se limpiaban trajes de hombres, vestidos de señoras, sombreros, ponchos de vicuña y sedas de todas las clases como se componía ropa de hombre o se ribeteaba, forraba o se ponían cuellos de terciopelo con la mayor perfección.

Comenzaba la población a mostrar que estaba dispuesta a transformarse en todos los aspectos, comenzando por la actividad cultural y educativa que no fue descuidada en ningún momento.

El Instituto Argentino de la Capital y el Colegio Franco Argentino de este pueblo que dirigía Enrique Duffau, como un complemento de la instrucción que se impartía en las escuelas oficiales, ofrecían sus respectivos cursos nocturnos de aritmética comercial y teneduría de libros a precios módicos mensuales.

Lo mismo ofrecía don Enrique Poupart en su Instituto Elemental y Superior de San Pedro ubicado en la casa del señor Juan Rocca a una cuadra de la plaza principal frente a la casa parroquial.

Su esposa, que había concluido sus estudios en la Escuela Normal de San Nicolás y adquirido el título de Maestra abrió un establecimiento que denominó Colegio Graduado en la calle Buenos Aires esquina Ituzaingó, donde impartía instrucción con arreglo a los programas de las escuelas Normales, enseñando los idiomas extranjeros francés, ingles e italiano y también dando lecciones de música, dibujo y bordado, admitiendo pupilas, medio-pupilas y externas.

Incursionando ya en otro aspecto, las fondas que antes se ofrecían para descanso de los pasajeros, habían sido superadas en comodidades por hoteles como el Ítalo Platense de Felipe Semino, que además de alojamiento ofrecía comida atendida por expertos cocineros con una ubicación de privilegio en Mitre y Buenos Aires.

En 1898 se inauguraba el Hotel La Palma instalado en el edificio propiedad de Miguel Porta, ubicado en la esquina sudoeste de la Plaza del Mercado, con una suntuosidad digna de ser tenida en cuenta por los pasajeros de la época. En su salón comedor que hoy alberga una confitería culminaron los actos que el pueblo de San Pedro homenajeó a su dilecto hijo y preclaro hombre público que alumbró el camino a los hombres de mayo con su haber y claridad de su visión sobre el futuro del país, el reverendo fraile Cayetano José Rodríguez.

El Boulevard Paraná monopolizaba el privilegio de ofrecer el encanto de sus jardines y de su vista de la laguna, donde la banda de música alternaba con la Plaza Constitución sus consabidas retretas para deleites de la privilegiada concurrencia con hermosas melodías, que en los días festivos reunía a la juventud en el panorámico lugar.

Otra importante atracción que atrapaba a los sampedrinos de aquel momento de aquel momento era el teatro, cuyas funciones se desarrollaban en el salón-teatro “Progreso” que en alguna oportunidad fuera visitado por el empresario nicoleño de las tablas señor José Sghinolfi, con el loable propósito de alquilarlo para remozarlo y llevar a cabo en él, importantes representaciones teatrales.

Desarrollaba en ese momento una intensa actividad el artista José Amurrio que había dado sus primeras representaciones allá por 1877 en el Club Unión.

La popular esquina que hoy monopoliza el encuentro de la juventud sampedrina aún no había despertado en la noche del tiempo, ello ocurriría en vísperas de ser declarado ciudad nuestro pueblo, convirtiendo a partir de ese momento al salón de la colectividad española en otro digno competidor de las reuniones y encuentros sociales de la juventud sampedrina que además lograron hacer famosa a la colectividad por los bailes populares y romerías que organizaban en la plaza Mitre.

El fallecimiento de Cambours que prestaba servicios fúnebres en el pueblo, hizo que aparecieran inmediatamente 2 nuevas empresas en el ramo, la de Guillermo Guntsche y “La Estrella” de Emilio Meylan, con servicios desde los más modestos hasta los mejores, equivalentes a los de Buenos Aires, con un surtido de cajones desde el más sencillo de pino, hasta el más lujoso “cistalero preservador”, ofreciendo además coronas de flores naturales del país y de perlas con trabajos artísticos.

Las placas de mármol que observamos aún presnetes en el cementerio local nos dicen bien a las claras que el recuerdo de los seres queridos tenía un lugar de privilegio en la conducta de la sociedad.

Dichas empresas ofrecían un esmerado servicio de transporte, con carruajes dotados de gran confort para la época; las comodidades comenzaban ya a estar presentes en la sociedad sampedrina que utilizaba el servicio de carruajes “sólidos y elegantes” que estas 2 empresas ofrecían para realizar paseos o viajes al campo.

El Banco de la Provincia por las razones ya expuestas había cerrado sus puertas; en su lugar se hizo presente el Banco Industrial Argentino que se estableció en la esquina de Mitre y Fray Cayetano Rodríguez siendo más tarde absorbido por el Banco Español que ocupo el mismo edificio que aquel pero algo remozado. Estos dos acontecimientos hablan por sí solos del cambio que se estaba dando en la población y las manifestaciones claras que evidenciaban que San Pedro, al finalizar el siglo XIX, ya se sentía ciudad.

El ofrecimiento de campos para la explotación agrícola o ganadera a los chacareros y todos los propietarios que tuvieran ganas de trabajar, efectuaba el Banco Americano que facilitaba los medios para comprarlo a todo aquel que se subscribiera a los “Bonos de crédito agrícola” que emitía cada 6 meses; esta actitud financiera constituía un signo evidente del interés que despertaba el lugar. El mismo banco también daba créditos para quienes los necesitaran para levantar sus cosechas, compras de máquinas o animales para trabajo, debiendo en todos los casos dirigirse al señor Agustín Vaccari y Cía. representante de aquel en nuestro pueblo.

La firma mencionada gozaba de un gran prestigio comercial en relación a los demás establecimientos de su género que comprendía los ramos de almacén, ferretería, bazar, máquinas agrícolas, y corralón de maderas, hierro y materiales de construcción.

El Porvenir se denominaba la casa fundada por el señor Vicente Basavilbaso allá por 1875 en sociedad con don Agustín Vaccari, que además de los rubros mencionados eran representantes de la casa Agar Cross y Cía. de Buenos Aires y agentes de seguros “La Rural”.

El Banco de la Nación Argentina por su parte inició sus actividades a nivel local en San Martín esquina Salta, donde su Gerente M. Maino abrió sus puertas el 15 de mayo de 1897. En dicha institución se ofrecía el descuento de letras cobrando un interés de 8 o 9 por ciento anual y pagando para los depósitos entre el 1% o 5% según los plazos.

Entre las otras firmas comerciales que actuaban en la plaza del pueblo y de merecido prestigio destacamos la de los señores Porta hermanos que iniciaron sus actividades en 1885 cuando aún no se presentían los progresos que se darían a final de siglo. El Globo, que así se llamaba el comercio de almacén, ferretería, talabartería y bazar, era regenteado por Antonio Porta, hijo del acaudalado colonizador del partido don Miguel Porta y estaba ubicado frente al edificio propiedad de su padre en la esquina de la plaza nueva en Belgrano y Balcarce.

En otro aspecto, comenzaba a desarrollarse en San Pedro una nueva actividad, la frutícola; el señor Henri Garret ponía en venta a precios módicos para la época, un surtido completo de plantas de durazneros, damascos, kakis del Japón, viñas viníferas y de mesa y ciruelas, todas con distintas variedades procedentes de los más acreditados establecimientos europeos y del país para satisfacer los más variados gustos de los productores.

Se vivía un momento en que se habían diversificado las actividades; constructores y albañiles o maestros de obras ofrecían sus servicios a una población deseosa de construir viviendas nuevas y edificios para comercios, algunas de cuyas empresas aún permanecen en pie y en plena actividad. Donati, Martín A. Lopetegui, Víctor Mantovani, Failace Reggiani y tantos otros son nombres de empresas que desarrollaron su actividad en ese entonces. Casi todos ellos impusieron un estilo que podríamos decir propio a la edificación de la ciudad a pesar de los distintos estilos que hoy tiene.

Al transitar por sus calles se puede visualizar una arquitectura típica de aquel entonces, con fachadas de gran altura, ventanas verticales enmarcadas entre columnas que muestran un ritmo y secuencia en los frentes.

Si uno se detiene a observar los frentes ve como la mayoría de ellos presentan un basamento y como remate molduras y/o frisos. Habitualmente este tipo de construcciones están elevadas por sobre el nivel de vereda, evitando de ese modo el contacto con el frío y humedad de la tierra, de la que están aisladas por una cámara de aire. Recorriendo la ciudad el observador se enfrenta con estilos clásico, colonial, romano, características italianizantes, producto de la influencia de los constructores de la época y además choca con la combinación de varios estilos que a la vez dan lugar al eclecticismo.

En los frentes puede observarse además algo muy característico de la época, el ingreso a los edificios con grandes puertas, coincidiendo con el eje simétrico de la fachada o con escalinatas en el caso de los edificios públicos.

Como puede apreciarse, la ciudad posee una riqueza arquitectónica construida a través del tiempo, que la destaca y que es apreciada especialmente por quienes nos visitan y no precisamente por quienes vivimos en ella. En consecuencia deberíamos actuar de modo tal, que pudiéramos preservar ese patrimonio arquitectónico urbano que nos pertenece, porque es nuestra historia y la ciudad es fiel reflejo de quienes habitamos en ella.

La población había influenciado para que las farmacias y droguerías establecieran ya el turno obligatorio para la atención al público los fines de semana y feriados. Estos establecimientos eran verdaderos laboratorios donde no solo se preparaban medicamentos sino que se realizaban análisis, esterilizaciones, sueros y oxígeno químicamente puro. La Farmacia y Droguería del Pueblo de Caroni y Fagioli figura entre las que ofrecían este servicio junto a la Farmacia y Droguería de Lisandro Ricci; la primera estaba ubicada en la calle Quiroga donde hasta hace poco estaba el símbolo que distinguía tal actividad. La de Ricci es sociedad con Andrés Biancardi funcionaba en la esquina de la Plaza del Mercado y que como consecuencia de un incendio, tal vez el primero en importancia en San Pedro se trasladó frente al local que ocupó la primera o sea haciendo cruz con el mercado, la que luego fue adquirida por Cavia.

Aclaremos que el señor Lisandro Ricci atendía el Consulado Italiano ubicado en calle Facundo Quiroga frente a don Francisco Garayo.

Pocos meses más tarde se reabriría en la esquina que aún la ocupa la Farmacia La Central.

Eran varios los comercios de distintos rubros que daban vida al sector próximo a lo que sería la nueva plaza del pueblo, creada como tal en homenaje a su declaración de ciudad.

Los Salones de Fiestas que hasta ese momento habían monopolizado las reuniones sociales veían comprometido ese privilegio con la presencia del hermoso salón del Club Unido, que se distinguía por la presentación de afamados artistas del país y el extranjero. El salón de la Sociedad Italiana daba cabida a la simpática sociedad coral y musical “La Lira”, que se había constituido en el año 1903 y que en ese momento estaba presidida por Carlos Bernasconi siendo su vice-presidente Manuel Contreras, Tesorero: Juan Donatti, Secretario: Emilio Morales, Pro: Pedro Lavayen siendo vocales los señores Serafín Donatti, Simón Quicco, Gerardo Cejas y Miguel Lapenda, nombres todos conocidos que durante largo tiempo mantuvieron viva la actuación de la agrupación.

En la sociedad mencionada, pionera en actos culturales dio cabida también en su salón a la flamante sociedad literario-musical “Filodramática”, que representó para debutar en sociedad una hermosa comedia que interpretada por aficionados locales que dieron muestra de su capacidad actoral. Se destacaron como tales Juan Arcuri, Mercedes Molina, Mercedes Matas, Carlos Porta, Pozzetta, Biancardi, así como Barbieri, de las Heras, Millán y otros circunstantes cuyos nombres ignoramos, pero que hicieron de aquel San Pedro de ayer un hermoso espejo de cultura.

Previamente a la declaración de San Pedro como ciudad, debemos expresar que son numerosas las esquinas que en pleno centro de la vieja población, están documentadas en fotografías que nuestros abuelos en ostentación de opulencia, hacían sacar de sus comercios para exhibirlos y promocionarlos en periódicos de la época.

Así es como fue posible  conocer hoy muchos aspectos de aquel pasado ampuloso o pretencioso y tener así una visión clara y una imagen real de aquellos tiempos, que de otro modo no podríamos imaginar en su real dimensión.

En la esquina de Obligado y la “calle de la estación”, como solía llamarse a la calle Mitre se encontraba el baratillo “Los Andes” con un cartel que cubría toda la parte superior de la ochava, más tarde ocupado por otro comercio llamado Buenos Aires y más próximo en el tiempo por el cine teatro Iris, para tiempo después radicarse en ese lugar la confitería Gringo Viejo.

En la esquina de enfrente, en la fecha de nuestra referencia, se terminaba de inaugurar el salón con el que el Centro Español pretendía ofrecer a sus asociados un lugar para sus reuniones sociales; el tiempo desfavorable le resto mucho brillo a la fiesta pero no por eso dejaba de aparecer como un lugar con promisorio futuro. El tiempo se encargó de decir su verdad, hoy las mismas paredes con algunos arreglos propios del nuevo gusto y con un frente con detalles distintos alberga al Bar Butti, que ha logrado convertir ese espacio en el punto de todo encuentro sampedrino y hasta lograr que ese lugar se bautizara como “una esquina con historia”.

Haciendo cruz con esa esquina en Mitre y Balcarce se encontraba “El Universal”, comercio dedicado como todos en aquellos tiempos, a la venta de la mayor variedad de productos. En dicha esquina pero en un edificio totalmente remozado se estableció el Bar Butti.

Para esclarecer bien este tema que tanto interesa a los más jóvenes, se hace necesario explicar que el Bar Butti inició sus actividades sobre la calle Mitre en 1928, a muy pocos pasos de lo que había sido el baratillo Los Andes, que en esos momentos ocupaba el cine teatro Iris. En 1931 amplió su actividad con la apertura de otro comercio en la esquina SO de la plaza Belgrano haciendo cruz con lo que fue el edificio del Banco de la Ribera; dos años más tarde se fusionaron ambos comercios estableciéndose en el edificio de la familia Azcárate, para cruzarse en 1938 aproximadamente a su actual ubicación. Una anécdota vivida por muchos parroquianos y que raramente puede verse, destaca la hidalguía y generosidad de estos comerciantes, al otorgar un reconocimiento vitalicio para tomar su clásico vermouth a 2 asiduos clientes, que todos los días y a la misma hora se los podía encontrar en la misma mesa intercambiando ideas acerca de los más variados temas.

Continuando por San Martín hacia el norte nos encontramos en su prolongación, con la calle Ayacucho que forma esquina con 25 de Mayo donde la Tienda La Catalana en esa época recibía a los clientes que venían a atenderse en el consultorio del Doctor Regino Cavia.

En otra esquina céntrica de importancia, Pellegrini y Obligado, funcionaba una zapatería llamada Toscana, que luego fuera adquirida por la firma Fiorito y Butti; allí se exhibían los últimos exponentes de la tradición y la moda en el calzado para el buen vestir, para culminar como “Casa Agustín Butti” cuyo nombre luce el cemento de la nueva edificación.

La firma Placido Martínez Sobrado, cuyo origen se remonta al año 1887 cuando un joven español se instalo en la calle Balcarce entre Belgrano e Ituzaingo con un modestísimo negocio de  fabricación de cigarrillos y reparto de vino que bautizo con el nombre de La Juventud de San Pedro. Tres años más tarde formo una sociedad comercial llamada Martínez y Arribi que amplió la actividad con negocio de almacén y despacho de bebidas. En 1896 se asocian con don Ramón Cajide conformando la firma Martínez, Arribi y Cajide para desembocar con el inicio del siglo XX en la firma Rampel y Martínez dedicada al acopio de cereales y oleaginosas. En 1904 por terminación del contrato se retiran de la sociedad Arribi y Cajide constituyéndose a partir de ese momento dos firmas, por un lado Plácido Martínez Ramos Generales y Rampel y Martínez dedicada al acopio de cereales. En 1909 se incorpora a las dos firmas el propio hermano de Martínez, don Salustiano quedando integrada la firma como Salustiano Martínez y Cía. la dedicada ramos generales en tanto que la firma cerealera seguía como Rampel y Martínez.

En 1913 se disuelve la sociedad cerealera quedando todo en poder de Plácido Martínez que comparte con su hermano Salustiano la firma de ramos generales, que actúa así hasta el año 1928 en que se incorpora el hijo del primero Plácido R. que al producirse la muerte de Salustiano en 1932, unifican las sociedades bajo el nombre de Plácido Martínez y ya bajo la dirección de Plácido R. Martínez. Años más tarde, el 15 de febrero de 1939 se produce la muerte de don Plácido Martínez convirtiéndose la firma en “Sucesión Plácido Martínez Sobrado” formada por la señora doña Manuela Cheyllada de Martínez, la señora Socorro Martínez de Palazón, don Plácido Martínez y don Manuel A. Martínez que continúan la senda de progreso trazada por aquel español que antes de finalizar el siglo XIX se estableciera definitivamente en San Pedro.

Otra importante firma que tuvo sus raíces en la misma época en que iniciara sus actividades don Plácido Martínez y que llegó hasta nuestros días es la integrada por la familia Solmi; del norte de Italia llegaron a San Pedro 5 hermanos Solmi, de nombres Vicente, Angel, Pedro, Cayetano y Enrique decididos a trabajar las tierras del partido, estableciéndose primero en Las Flores para luego incursionar por distintos parajes del mismo, hasta que 3 de ellos decidieron establecerse en Pergamino.

Enrique y Ángel adquirieron un terreno en el pueblo donde hoy se encuentra la firma que inicio sus actividades en el año 1889 instalando en el lugar una herrería y una carpintería, donde además de reparaciones se construían carruajes de paseos, sulkys, chatas para acarreo y toda la gama de vehículos dedicados al transporte. El nuevo taller vino a establecer una competencia con otros artesanos dedicados al mismo ramo y con mayor antigüedad como don Enrique Stein , los hermanos Carchini y la familia Gorini, ubicados estos últimos en la misma entrada del pueblo.

En 1922 se hace cargo de la firma el único hijo varón don Victorio M. Solmi que moderniza la empresa incorporando a su hijo Víctor Enrique que luego de varios cambios de nombre desarrolla su actividad como “Solmi S.A”.

L.J. Bennazar, es otra de las importantes firmas de la época que como fotógrafo de San Pedro, con su Estudio Fotográfico Sud-americano, acumuló la mayor cantidad de recuerdos desde que se utilizó en San Pedro el arte de la fotografía y cuyo archivo propio sus sucesores continuaron ampliando, pero desgraciadamente el destino quiso que desapareciera por consecuencia de un incendio.

Grupos familiares, bautismos, primera comunión, casamientos, visitas a chacras, estancias, animales de raza, buques, retratos a caballo, etc., ofrecía L.J. Bennazar a su clientela para que estos se distinguieran como un hermoso regalo para los familiares o amigos, según un aviso publicitario de la época: muchas de esas imágenes están aún en nuestras colecciones familiares gracias a la actividad de esta firma que inició sus actividades el 4 de octubre de 1894.

El prestigio de Bennazar lo ganó participando en exposiciones en Buenos Aires, donde había actuado como fotógrafo de la Sociedad Rural; por eso ofrecía sus servicios respaldado en una experiencia que había acreditado en su taller y laboratorio donde realizaba retratos al lápiz, en bromuro y platino como en las más acreditadas casas de Buenos Aires; incluso realizaba trabajos de recuperación sobre retratos antiguos por más deteriorados que estuvieran.

A pesar de la lamentable destrucción del archivo propio según ya expresáramos, Don J.L Bennazar dejó disperso entre las familias sampedrinas y las que nos visitaron, una cantidad de imágenes impresas con su trabajo, que hoy nos permite afirmar que difícilmente otra ciudad posea tan rico cúmulo de información visual útil al narrador histórico.

Resulta muy difícil en un trabajo de esta naturaleza reflejar, en la medida de la aspiración de cada uno de los interesados, la historia comercial o industrial y la participación de cada una de ellas, en un espacio de tiempo tan largo que viene desde el siglo pasado y en que el trabajo y perseverancia hicieron posible este San Pedro actual, moderno, económicamente fuerte y con atracción turística que se refleja a diario en la gente que nos visita.

Lo expuesto ha tenido solo la intención de reflejar un estado socio-económico que se inicia en nuestro caso con la organización de los municipios en la provincia de Buenos Aires y culmina con la declaración de San Pedro como ciudad.

A continuación brindaremos una crónica de los comercios que actuaron en los años previos y más próximos a la declaración de San Pedro ciudad, con una mención de los que hemos encontrado en nuestro recorrido por los distintos rincones que nos ofrece el pasado, pero que no quiere significar que estén todos.

Comercios a fines del siglo XIX y comienzos del XX:

- El Universo: de Hoz, Olaso y Basaldúa, tienda, almacén, ferretería y mueblería.

  • -  La Unión: de Gubert, Martínez y Cía. Tienda, almacén, ferretería, mueblería y corralón de maderas.
  • -  Zapatería del Trovatore: de Tallarico y Martire en 25 de Mayo y Rojas
  • -  Zapatería Toscana: en Comercio y Obligado de A. del Nero.
  • -  El Porvenir: de Pedro Cao. Almacén, ferretería y mueblería en calle Buenos Aires esquina Constitución y Tala.
  • -  El Porvenir: de Carlos M. Castro. Ramos Generales en el partido.
  • -  La Estrella: de Manuel Posse, ventas por mayor y menor en Tienda, mercería, zapatería, sombrerería, talabartería, lozas, ferretería,            hojalatería y otros.
  • -  Almacén de comestibles y bebidas: de Blanco y Lamela.
  • -  El Proveedor: de Vicente Basavilbaso. Almacén y corralón de maderas, etc.
  • -  Tienda del Sol: de Juan C. Olaso y José Aldazábal que antes había sido de Nicolás Elola y Cía en calle Buenos Aires esquina                Constitución y Tala.
  • -  La Balanza: Almacén de Domingo N. Rocca en 11 de Septiembre y Balcarce que inauguró el 4 de enero de 1905, cancelando por                  donación las cuentas de fiado del anterior almacén San Pedro ubicado en Gral. Pueyrredón 359.
  • -  Tienda y Almacén de la Unión: de Fernández, Alcalde y Cía. con ventas por mayor y menor.
  • -  Almacén del Correo: de Esteban Revilla.
  • -  La Buenos Aires: de Blanco y Mendizábal. Tienda, almacén, ferretería, talabartería, etc.
  • -  Tienda La Porteña: de Mariano Gubert en calle Comercio y Obligado, frente a la zapatería Toscana.
  • -  Tienda La Palma.
  • -  La Americana: tienda de Víctor Suero y Hnos.
  • -  La Moderna: sombrerería en calle Mitre frente escritorio de Carlos Meyer.
  • -  Casa Espigares: sombreros extranjeros y del país, 25 de Mayo y Güemes frente a cigarrería de Mariano Aldazábal.
  • -  La Hispano Argentina: fabrica y sombrerería de José Sánchez, en Comercio y Obligado.
  • -  La Esperanza: de Ramón Abalo. Almacén, comestibles y bebidas.
  • -  La Gloria: almacén de Cesáreo Echeverría.
  • -  Almacén del Recheo: de Quirico y Tomás Dadea.
  • -  Tienda La Criolla: de Gorostazu y Cía., frente a la casa de Justo Morales.
  • -  Zapatería El Universal: de José Vietri, hacía cruz con la anterior.
  • -  Zapatería La Francesa: de Gerónimo Etchepare, fábrica de calzado.
  • -  Zapatería de Francisco Pitrelli: en Mitre y Rojas luego vendida a Egio Gorini.
  • -   Sastrería La Elegancia: de Curto y Farana, camisería y casimires ingleses y franceses.
  • -   Sastrería El Progreso: de Medici y La Greca, estaba frente al almacén  de V. Basavilbaso, se trasladó a media cuadra de la  Zapatería   de Rosito.
  • -  Sastrería La Juventud: de José Riviello en calle Tala y Constitución.
  • -  Sastrería Española: de José M. Francisco en calle Cosntitucion esquina Rojas.
  • -  Confitería Sol de Oro: de Luis Magliotti y Cía.
  • -  Café y confitería La Juventud: de Aurelio Diéguez, adquirida por Juan Tumulty en la calle Comercio y Tala.
  • -  Confitería Cosmopolita: de Francisco Fernández Sánchez en Mitre 711 al 733 fabrica de pastelería.
  • -  Panadería del Mercado: de Insaurralde y Etcheverry en 25 de Mayo esquina Zárate.
  • -  Café, billar y fiambrería Universal: de Victorio Prola.
  • -  Café San Pedro: inaugurado el 10 de junio de 1905, propiedad de Juan C. Ricardo, estaba ubicado en la casa de Pedro Cao frente al almacén del señor Carreras.
  • -  Los Dos Chinos: café, billares de Miguel R.Rubíes en Belgrano y Zárate.
  • -  Carnicería: de Nicasio Vázquez.
  • -  Carnicería: de José Bottaro.
  • -  Herrería y Carpintería del Puerto: de Benito Ventre.
  • -  Taller de Carpintería: de José Stella.
  • -  Tomás Picasso: carpintería.
  • -  Federico Dávila: carpintería.
  • -  La Florida: de Bautista Bordes y Cía. Talabartería.
  • -  La Sin Bombo: talabartería de Pedro Rosendi.
  • -  Taller de Talabartería: de J. Charriere Hnos.
  • -  El Progreso: talabartería de Guilermo Allemand, frente a la zapatería Toscana del Sr. A. del Nero y a una cuadra y media del almacén “La Unión”.
  • -  Cochería del Navarro: de Francisco Garallo, luego adquirida por Darío de las Heras y Felipe Semino (h); giró bajo el rubro de Semino y Cía. en el mismo local anterior de Garallo pero con el nombre de La Buenos Aires.
  • -  Cochería La Unión: de Ambrosio Caroni.
  • -  Unión Argentina. Cochería de Ventura Fraga, en 25 de Mayo 961 frente a la cigarrería de Aldazábal: estaba establecida en calle Mitre frente al Hotel Italo-Argentino de Semino.
  • -  El Combate: establecimiento tipográfico.
  • -  El Comercial: imprenta de Benito Mamberto.
  • -  El Independiente: imprenta de Alejandro S. Mascetti.
  • -  Horno de Ladrillos: de Carlos Cantone.
  • -  Horno a la Italiana. De Iotti y Cía.
  • -  La Unión: horno de ladrillos de Bernasconi, Bianchi y Cía.
  • -  Corralón: de Maderas y Fierro de José Caroni, ferretería y pinturería.
  • -  Corralón de Materiales: de Francisco Aramburu.
  • -  Barraca Francesa: de H. Letiche.
  • -  Restaurant del Mercado: de Benito Butti ubicado a mitad de cuadra en 25 de Mayo frente a la plaza del Mercado hoy plaza Belgrano.
  • -  Ignacio Galarza: bar y fonda.
  • -  Farmacia Nacional: de Miguel N. Molinero en Comercio y Tala, frente a V. Basavilbaso.
  • -  Farmacia y Droguería Italiana: de Podestá en Constitución y San Martín.
  • -  Farmacia La Central: de Andrés Biancardi, única que aún permanece en actividad.
  • -  Farmacia: de Ángel Gamas.
  • -  Farmacia del Pueblo.
  • -  El Porvenir: tintorería de Juan Simbonet en Belgrano y Bs. As.
  • -  Pasa Tiempo: de Francisco Alcorta.
  • -  Canastería Italiana: de Carena y Mequero, en Constitución frente al Hotel Semino.
  • -  Venta de Vinos: italianos legítimos de A. Concatti, en Comercio esquina Obligado frente a la zapatería Toscana.
  • -  Peluquería de M. Arcuri.
  • -  Peluquería José M. Cafrara y Cía.: en calle Mitre casa de Antonio Maino.
  • -  Barbería del Vasco: en calle Ayacucho frente a los escritorios de Letiche.
  • -  Victorio Mantovani: constructor y albañil.
  • -  José Reggiani: albañilería.
  • -  Antonio Merchiandi: albañilería.
  • -  Librería La Palma: de Camilo Francisco.
  • -  Librería La Argentina: de J.A. Biancardi y Cía. –(ex librería Funken)- Imprenta, Librería y Encuadernación en Comercio y San Martín.
  • -  La Americana: librería de García y Cía. ubicada en el antiguo local de fotografía del señor Geli, haciendo cruz con la farmacia de Ángel R. Gamas, en Tala y Mitre, donde años más tarde funcionó la Farmacia La Argentina, de Rosa Picco de Tabares.
  • - Taller de Modas: de Emilia M. de Pérez, calle Saavedra frente al almacén del señor Mórtola.
  • - Taller y Confección de Botines: de Francisco Dipera y Cía. calle Maipú entre 25 de Mayo y Belgrano.
  • -  Parteras: Catalina F. Brusantín.
    María Ida Palavicini, en Ayacucho 50 al lado del Dr. Regino Cavia.
  • -  Médicos: Abel R. Noceti, San Martín y Tala.
    Adolfo M. Castro, Constitución y Puerto.
    Jacinto Mz. De Zuago, en casa de Altolaguirre al lado de la Sociedad Española.
    José Caroni, en Maipú y 25 de Mayo.
    Regino Cavia, en Ayacucho 70.
    José M. Molinas, Belgrano 881 frente al mercado.
    Pedro A. Cano, Hotel Semino.
  • - Dentistas: Alejandro Thomasset.
  • - Martilleros: José Casella.
    Benito Mamberto.
    J.E. Falconieri.
    Juan Elola y F.J. Sein.
    J.A Pugue, con escritorios en Belgrano esquina Tala frente a la panadería de Rocca Hnos.
    Guillermo Aguirre.
    Luis Atilio., con Librería y Sastrería en casa de alto de Esteban Mamberto, calle Constitución.
    Alejandro P. Ruggia
    Pedro Etchepare.
    Cano Hnos.
    J. Ego Allemand.
  • - Escribanos: Alejandro Duval, F. Quiroga 60.
    Mariano F. Etcheverry.
    José Ignacio Basaldúa, Ayacucho 32, al lado del escritorio de Letiche.
  • -Prof. De Esgrima: José Poletti, Ayacucho 37 frente al consultorio del Dr. Cavia.
  •  
  • Fuente: "Historia Documental de San Pedro", Tomo III, "Del pueblo a la ciudad", 1854-1907
  •  Américo R. Piccagli, Ed. Rafael de Armas y Asociados

 

 

 



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