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San Pedro - Historia


Historia de la Fruticultura

Imagen de Historia de la Fruticultura

En cada oportunidad que se habla de los antecedentes de la fruticultura sampedrina se menciona don Enrique Garret como el precursor de la misma y como el hombre emprendedor que introdujo grandes variantes en los períodos de maduración del duraznero.

En referencia al primer aspecto no es así, según se expondrá de inmediato; en cuanto a la excelencia de los frutales, sí le cabe el honor de ser el pionero de la calidad frutícola al introducir yemas europeas y difundir, por otra parte, el sistema de injerto por escudete o yema dormida.

Respecto a este personaje, debemos expresar que siendo trabajador de la destilería “La Estrella”, al tener que abandonar la misma consecuencia del cierre del establecimiento en el año 1895, se dedicó a la explotación del rubro que se convertiría en uno de los importantes pilares de la economía local.

En esta determinación tuvo especial influencia la amistad surgida en Francia con Angel Peluffo, dueño de “Viveros Peluffo”, hijo del dueño de la firma importadora-exportadora “Viveros Angel Peluffo y Cía. Ltda.”

Según informes de periódicos de la época, la fruticultura ya comenzaba a tener importancia ya que se anunciaban avisos de ventas de plantas de duraznos; por ejemplo un aviso de mayo de 1897 en el periódico “El Independiente”, en el cual de detalla la venta de 10.000 plantas de duraznos a cargo de los señores Gambandé y Domingo, los cuales trabajaban en el campo de Bibolian.

La actividad ya se encontraba en pleno desarrollo allá por 1885, año en que don Luis Rellion ofrecía plantas frutales injertadas a todos los que quisieran dedicarse a dicha actividad, ofreciendo por otra parte el traslado en carro a los compradores del pueblo, pudiendo recabar más informes en el “Almacén del Sol”.

Los franciscanos fueron los primeros en introducir ejemplares de cítricos y probablemente de durazneros también, que luego inmigrantes interesados en dicha explotación como los Bensenny, Roselló y Porta, desarrollaron una interesantísima actividad en el partido.

La labor de don Henry Garret abarcó otros importantes aspectos de la actividad frutícola, en la que nadie pone en duda su acción pionera ni la discute, como ser la referente a la calidad de la explotación y la industrialización de su producción.

El 27 de mayo de 1917, Henry Garret adquirió el establecimiento frutícola “La Pomona”, el cual era propiedad de Aniceto González; además fue propietario de el establecimiento “La Treinta y Uno”, camino a Gobernador Castro y “Los Olivos”, ubicado sobre la ruta 191, hoy propiedad de la familia Gomila.

Fue en este último establecimiento donde Garret inició su actividad, el cual lo dedicó a viveros y a la explotación vinícola, contando con una plantación inicial de 7 hectáreas, las cuales le permitían obtener una producción anual de 60 toneladas de uva, destinada en su gran mayoría a la producción de vino.

En dicho lugar explotaba dos clases de uva, la americana y la francesa, siendo esta última la de su preferencia, por su tamaño, sabor y por sus granos carnosos. Fue tal el entusiasmo por los resultados obtenidos que proyectaba acrecentar sus viñedos en 20 hectáreas más para conformar la creciente demanda de vino que elaboraba en su establecimiento, que contaba con 4 cubas de fermentación de 800 litros cada una, donde era pisado el fruto.

Terminada la etapa de fermentación el líquido era filtrado, depositado en barriles y sometido a los cuidados propios de un conocedor de la actividad.

La actuación de don Enrique, no se limitó a la producción de uvas y elaboración de vino solamente, su interés por ver progresar este rincón de la tierra que adoptó como propio lo llevó a producir una gran variedad de frutales.

En el establecimiento de su propiedad “La Pomona”, desarrolló la explotación de una gran variedad de plantas frutales que habrían de convertirlo en modelo dentro de la actividad frutihortícola; “nunca visto todavía, no solo en San Pedro, sino también en los alrededores” expresaba una revista de la época.

En ese tiempo contaba con 37.000 ejemplares de peras, 7.000 de duraznos, 4.000 de manzanos, una gran cantidad de ciruelos, damascos y olivos, algunos de los cuales aún sobreviven, como así también una interesante huerta cuya producción sería industrializada tiempo después.

Como dato saliente se indica que la producción de peras alcanzó en determinado momento los 45.000 cajones remitidos todos a la plaza de Buenos Aires por intermedio de la firma José Peluffo y Cía. que ninguna relación tiene con la firma anteriormente mencionada, de los cuales 10.000 eran enviados a Europa.

Don Enrique Garret supo aprovechar sus conocimientos químicos para la elaboración de dulces que en algunos periódicos de la época eran ofrecidos para el consumo por su calidad y por la pureza de su proceso de elaboración.

Se han encontrado cuadernos y archivos pertenecientes a la elaboración de los distintos productos del establecimientos, los cuales detallan procedimientos precisos y exactos acerca de cómo se realizaban los productos, sus cantidades, el personal que formaba parte de la cadena de producción, insumos requeridos, coste del jornal de los trabajadores, etc. Estos datos verifican que en dicho lugar no se dejaba nada librado al azar, sino que se trabajaba con una minuciosidad extrema.

Además de los productos anteriormente mencionados, en la planta se producían pepinos, cebollas, coliflor, zanahorias, ajíes y pikles en vinagre, etc. A ello debe agregarse también la manufactura de  salsa de tomates, dulce de peras, de duraznos, de membrillo, de zapallo, de batata, de damascos, como así también mermeladas de todo tipo y algunos licores.

El establecimiento contó con un vivero interesante en seleccionadas variedades de plantas que eran demandadas por compradores ubicados en los distintos puntos del país.

En fin San Pedro tuvo el privilegio de contar con uno de los pioneros de esta actividad, que es hoy la base de una economía regional, ya que Garret puso sus conocimientos para la divulgación de una explotación que día a día se fue acrecentando sobre la base de aquellos primeros emprendimientos.

 

Fuente: "Historia Documental de San Pedro", Tomo III "Del pueblo a la ciudad" 1854-1907

Américo R. Piccagli, Ed. Rafael de Armas y Asociados



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