cielo algo nublado | 8°C | 81%
viernes 15 de noviembre de 2019
[i]  usuarios conectados
cwsp cwsp
notisp notisp
 Usuario anónimo » identificarse 

San Pedro - Historia


Historia de los Almacenes de Campo

Imagen de Historia de los Almacenes de Campo

Junto a los hombres que se establecieron en la zona rural, para realizar una actividad económica que les permitiera sobrevivir, situaremos a aquellos que lo hicieron guiados por su afán de comerciar, sin pensar que con ello estaban facilitando y favoreciendo con su actividad el afincamiento de los labradores de la tierra, en lugares que en aquellos momentos estaban totalmente alejados de los centros poblados.

La separación geográfica entre el pueblo y la zona rural era igual que en el presente pero el tiempo necesario para comunicarse entonces y el requerido actualmente es abismalmente distinto; por nuestros días, ese es un tema solucionado gracias al teléfono, la televisión, la radio y el internet que han eliminado esa barrera o distancia que existía entre el poblado urbano y la zona rural.

Por ese motivo se le asigna una vital importancia a los almacenes de campo que en siglo XIX y comienzos del XX fueron favorecedores de las comunicaciones al ocuparse del correo, ser proveedores de mercaderías, y por sobre todo centros de reunión del poblador rural, que encontraba en ellos el único lugar de esparcimiento y regocijo en los días festivos.

La mayoría de los almacenes son herederos de algunas pulperías de las que se fueron diseminando por el país buscando los puntos estratégicos que les ofrecieran las mejores oportunidades de comerciar. Sus propietarios fueron pioneros del poblamiento en las zonas rurales y también factores del progreso que se dio en el partido.

La creciente actividad agrícola y la importancia de ésta para el desarrollo de este tipo de comercios, hizo que se distribuyeran estratégicamente dentro del partido una buena cantidad de empresarios dedicados a esa ocupación.

A continuación se ofrece una breve reseña sobre los almacenes más  importantes de la época:

Almacén de Garaycochea:

El almacén de Garaycochea es uno de los más antiguos en el ramo, ya que en su momento se encontraba en plena zona rural y no como se lo ubico tiempo después, en la esquina de Libertad y Chivilcoy, esquina que fue conocida como el “Viejo Almacén”.

Su primer dueño fue Antonio Altolaguirre, que se estableció en dicha esquina en los duros años posteriores a la gesta de Vuelta de Obligado; casi diez años después de ese hecho, llegaba a nuestro país siendo aún un niño, Juan Cruz Garaycochea, que sería el personaje más importante del “Viejo Almacén”.

Bajo el cuidado de su tío, don Antonio Altolaguirre, el joven Garaycochea fue creciendo y aprendiendo los valores de uno de los pioneros de los tradicionales almacenes de campo. Fue testigo de las tradicionales carreras cuadreras que su tío organizaba en la polvorienta calle, la cual fue ensanchada para el correcto funcionamiento de la actividad.

El edificio del viejo almacén, construido con paredes de adobe y techo a dos aguas fue demolido, construyéndose en su lugar uno nuevo, cuya estructura es la que actualmente tiene con algunas modificaciones, manteniendo la fecha de construcción, 1871, en la reja labrada ubicada en la puerta superior de la puerta que da a la ochava.

En 1884, Garaycochea queda al frente del negocio por la compra del mismo a Altolaguirre.

Tiempo después, Garaycochea incorporaría como empleado a su cuñado, José Felix Grigioni, que años más tarde daría a este rincón otro matiz, al servir de vínculo de la famosa Barra del Partido Radical, conocida como “Barra de Fierro Radical”, que durante muchos años acaudilló este hombre de bien y de larga militancia dentro del tradicional partido yrigoyenista.

En 1920, su dueño deja el negocio a su cuñado y se viene a vivir a la ciudad, en la calle Obligado 150, una casa de alto que aún de resiste a los avances del progreso. En ese entonces, como lo sería durante veinte años más, vivir en aquellos lugares era vivir en pleno campo.

Feliz Grigioni estuvo al frente del negocio de almacén hasta el año 1936, en que vendió la llave del mismo al mayor de los hijos de su anterior dueño, don Juan Antonio Garaycochea, el cual lo atendió hasta 1955, fecha en que vendió el negocio y la propiedad del local y vivienda al señor Basante, rompiendo así la tradición familiar de 108 años continuados al frente del comercio mencionado.

A pesar de ello, la presencia del “Viejo Almacén”, que naciera en la época más difícil de nuestro país, durante el gobierno de Juan Manuel de Rosas, se mantiene en pie, aunque no en actividad, ya que los supermercados han monopolizado la actividad.


Almacén de San Patricio:

Tal es el nombre con el que aun se identifica el lugar donde otro antiguo almacén vinculado a la colectividad irlandesa desarrolló sus actividades a partir del último cuarto del siglo XIX. Estaba ubicado en los confines del partido, muy cerca del epicentro de lo que fue la batalla del Tala entre fuerzas de Buenos Aires y los defensores de la Confederación.

El viejo edificio que aún sobrevive a los embates del tiempo, recuerda la fecha de su construcción, 1895, con números labrados en la reja de entrada. Este almacén con despacho de bebidas era el centro de reunión de los irlandeses que tenían sus establecimientos en su zona de influencia. Dicho comercio funcionó mucho tiempo antes que se estableciera el ferrocarril que dio nacimiento a Santa Lucía y con el al conocido y prestigioso comercio de La Salle Hnos.

Próximo a aquel almacén de ramos generales funcionó la tienda  “Nueva” de un irlandés, donde inició su formación comercial don Luis Monteverde.


Almacén Francisco Ferrer:

Los señores Porta Hermanos, fundadores en el pueblo allá por 1885  del establecimiento “El Globo” dedicado a los ramos de almacén, ferretería, talabartería, y bazar y que estaba ubicado en uno de los ángulos de la plaza del Mercado, entre Belgrano y Balcarce, son los mismo que una vez inaugurada la línea del F.C Central Argentino, instalaron en 1888 una casa de comercio a muy pocas cuadras de la estación “Gobernador Castro” a la que pusieron como nombre “Francisco Ferrer” en homenaje al malogrado fundador de la Escuela Moderna.

El comercio estuvo dedicado a ramos generales de mercaderías adecuadas para la campaña, anexándole también un taller de herrería, carpintería y panadería, utilizando para estos rubros la fuerza mecánica suministrada por un motor de gran potencia.

Sus dueños vendieron el comercio en plena actividad a don José Solé Doll que no solamente se dedicó a la actividad comercial sino que incursionó en la actividad agrícola en el partido y en la provincia de Santa Fé donde sus antiguos socios, Porta Hermanos y también Miguel Porta, supieron tener colonias agrícolas.

Años más tarde se incorporaron a la firma los hermanos Capdevila por lo que el comercio paso a girar bajo el nombre de Solé, Capdevila y Cía hasta que los últimos integrantes de la firma se quedaron con la totalidad del comercio que paso a girar con el nombre de Capdevila Hnos hasta su cierre definitivo.

Según informaciones de viejos pobladores de la zona, en 1904 fue dueño del comercio mencionado don Eloy Velaz, que agrego una fonda al comercio, estableciéndose luego con una colonia de productores en la zona noroeste del partido donde quedó grabado  su nombre en el paraje que hoy conocemos como “Colonia Velaz” ubicado en los confines del partido próximo al lugar donde se produjo el hecho de armas conocido como batalla de el Tala.


Almacén La Estrella:

El almacén de referencia se hallaba ubicado en la zona donde se radicó el primer adquirente de tierras del partido con Antonio Rodríguez, , cuya instancia “Invernada” la hubo en remate público realizado en la capital del Virreinato del Río de la Plata en el año 1749.

La Estrella es la denominación con que don Antonio Rodríguez bautizó a su establecimiento y que dio mas tarde nombre al paraje, llegándose a distinguir más tarde dos parajes conocidos como La Estrella del norte y La Estrella del sur, ubicada esta ultima al sur del río Arrecifes.

En el lugar conocido como Estrella del Norte estableció un almacén don Bartolo Cabral. Tal establecimiento recibió la denominación de “La Colorada”, en clara alusión a que cuando se inauguró dicho recinto, un vecino mató a otro de Baradero, quedando como consecuencia una gran mancha de sangre en el suelo; los paisanos empezaron a hablar de “la colorada”, de donde surgió su nombre y el del paraje aun hoy en día.

A principios del siglo XX, José Monteverde compró el mencionado almacén adoptando aquel nombre de la Estrella para identificar su comercio, pero para el paisanaje seguía siendo La Colorada.

En ese establecimiento comercial, los agricultores podían encontrar cuanto necesitaban para sus tareas, habiendo sido muchas veces protegidos y auxiliados por don José de Monteverde a cuya sombra muchos de ellos hicieron verdaderas fortunas.

Don José tenía en su almacén una especia de protegido o criado de nombre Juan Bautista Groppo, más conocido como “Bachin”, el cual puso años más tarde un almacén en Villa Sarita, en el campo de Uballes para trasladarse luego a Santa Lucía, en el edificio donde hoy funciona la escuela de Educación Media de la provincia. En ese lugar, antes de que Groppo pusiera almacén, tuvo el suyo en 1905 Luis Monteverde, tiempo más tarde fue de Silvano Luri al cual se le quemó, por lo tanto resolvió venirse al pueblo y poner una panadería.

En 1924 el establecimiento La Colorada fue vendido por Monteverde a don José Cuscuela, el cual incorporó una panadería, cuya fuerza motriz era suministrada por un malacate adosado a una habitación de material, que era accionado por una burra; de allí que todos conocieran el lugar de la panadería como el de la “pieza de la burra”, que luego fue remplazada  por un viejo motor a explosión.

El 25 de mayo de 1929, se realizó una gran fiesta en un hermoso y bien acondicionado galpón construido expresamente para realizar reuniones sociales dando nacimiento así como en otros almacenes al “Club La Colorada”.

Al fallecer don José Cuscuela, sus herederos vendieron a la Cooperativa Agrícola Lda. La Argentina el establecimiento comercial que fue mantenido durante algunos años como sucursal hasta cerrarlo en forma definitiva.


La Buena Moza:

El lugar era propiedad de don Manuel Queral que antes había tenido una pulpería en Algarrobos cerca del río Arrecifes. Fue el primero en tener despacho de bebidas y venta de algunos artículos esenciales para que pudieran comer los carreros que pasaban por el lugar con destino a los puertos del partido, estableciéndose allí a principios del siglo XX.

Fueron precisamente esos carreros los que dieron origen al nombre del paraje ya que al tratar de distinguirlo de otro ubicado muy próximo lo identificaban mencionándolo como “el de la buena moza” en referencia a la esposa del bolichero, de nombre Dolores del Castillo de Queral, que ostentaba aquellas cualidades por su presencia y buen vestir; de ese modo se fue haciendo costumbre designar al lugar del encuentro entre los carreros con el nombre de “La Buena Moza”.

El primitivo comercio pasó luego a manos de Cabral que en 1925 lo vendió a Domingo Torillo que transformó aquel primitivo comercio en todo un emporio, adquiriendo fama de poseer hasta los más insignificantes elementos que pudieran interesar a sus clientes, que no eran pocos y donde muchas veces estos realizaron reuniones gremiales en defensa de los derechos de los productores rurales y carreros. Tres años más tarde se sumó al negocio don Cayetano Garavaglia, cuñado de Torillo, para ayudarlo en la administración del negocio, ya que junto a su hermano Santos, habían tenido un establecimiento el cual compraron a Luis Chiodini, ubicado en la calle de la estación y la ruta 191, para luego trasladarlo a la esquina de Mitre y Lucio Mansilla, donde tiempo más tarde se instalaría el almacén de Fava y donde en la actualidad hubo una reconocida gomería y una verdulería.

En 1916, se trasladaron a la esquina ubicada frente a la estación ferroviaria donde abrieron almacén, hotel y restaurante, cuyo cocinero era precisamente don Cayetano.

En 1936 Torillo hizo edificar delante de la casa de familia de don Cayetano un amplio local, un salón para depósito y un sótano trasladando allí su negocio y creando de ese modo su propia competencia, ya que don Manuel Queral dueño del primitivo lugar resolvió abrir nuevamente almacén de su propiedad. Esta competencia se dio no solamente en el comercio de ramos generales sino en otros rubros como carnicería, herrería, peluquería, etc que se fueron anexando a sendos comercios.

Al fallecer don Cayetano en 1933, su esposa e hijos continuaron como parte integrante de la firma hasta que en 1950 Torillo resolvió vender su parte del comercio y la propiedad a la firma Garavaglia Hnos. y Cía conformada por la la viuda y sus hijos.

Esta es la historia de este paraje cuya actividad giró alrededor de un almacén de ramos generales cuyo mayor impulso lo tuvo el brazo de estos inmigrantes que en el siglo pasado vinieron a trabajar para hacerse con un pequeño capital y volver a su tierra natal, pero que fueron copados por estas tierras sampedrinas donde se establecieron definitivamente.

Almacén de Santos y Pantaleón Gonzalez:

En una situación similar a la de algunos de los ya analizados, los dueños de este almacén de campo, vinieron de León, España, siendo unos jóvenes de tan solo 17 años allá por el año 1900 para dedicarse a los trabajos de campo. Esto les permitió acumular un cierto dinero que resolvieron aplicar a la compra de un almacencito que funcionaba ya donde había un grupo de familias integrada por los Corbalán, Sabatini, Morresi, Bancalari, etc.

En sus comienzos este almacén recibió el nombre de “La Tabla”, hoy más conocido como “Tablas”, y que durante mucho tiempo se conoció también como el almacén de Pantaleón y Santos González.

Don Pantaleón se dedicó desde el vamos a atender la panadería ubicada a muy pocos metros del almacén y como en casi todos los casos, la actividad del almacenero se complementó con la incorporación de una herrería, peluquería y carnicería a fin de satisfacer las necesidades elementales de los vecinos del paraje.

Todas esas actividades tenían como finalidad mantener vivo el vínculo de unión entre los pobladores; también tenían como propósito dar satisfacción a las inquietudes de quienes trabajaban en la zona rural. Cumplieron con ello una importantísima función social durante muchos años, al brindar un servicio que aún hoy es reconocido por aquellos que se sirvieron de ellos durante su permanencia en el campo y que hoy rememoran desde su retirada vida pueblerina.

La política de atracción que ejerció la actividad industrial desde los centros poblados sedujo a innumerables productores y peones de campo, iniciándose así un despoblamiento que conllevó a la paulatina muerte de los almacenes de campo, los cuales al quedarse sin colonias agrícolas, poco a poco fueron cerrando sus puertas, de modo que sus dueños o bien se afincaron en la ciudad o buscaron nuevos horizontes.

Esta actitud coyuntural dejó una gran cantidad de casas abandonadas que el tiempo se encargó de destruir cuando precisamente la población comenzó a sentir la falta de ellas por su concentración en los centros poblados.

Don Pantaleón estuvo al frente del comercio hasta 1941, luego le siguió Don Santos el cual permaneció algunos años más al frente del comercio compartiendo la actividad con la explotación de un campo en la zona de Arrecifes.

Almacén de Poggio y Colegiales:

Este almacén estaba situado muy próximo al paso de Chacón que desde épocas lejanas era utilizado por los que iban desde San Antonio de Areco con destino a San Nicolás, que utilizaban en lugar para acampar y eventualmente realizar un desvío hacia el pueblo de San Pedro.

El camino real luego de pasar frente a la capilla de San Patricio tomaba en su recorrido las proximidades del lugar donde se halla el actual cementerio de la población de Santa Lucía, para encontrarse luego del paso de Chacón, con el que proveniente de Arrecifes que pasaba por frente del almacén de San Patricio. En un recodo de este mencionado camino, se hallaba el almacén de Miguel Poggio, ubicado en el cuartel 13 de aquel entonces, de nuestro partido.

Dicho negocio fue tristemente reconocido por un hecho de sangre que ocurrió entre sus dueños y unos clientes, lo que ocasionó años más tarde el cierre del local, abriendo Miguel Poggio otro almacén de una de las esquinas de la plaza de Santa Lucía, más tarde propiedad de Bartolomé Juan.

El cierre del almacén de Poggio favoreció la apertura de otro un poco más al norte en el cruce de los caminos anteriormente mencionados. Este tuvo como protagonistas a los señores Antonio Cuscuela, su hermano José y Baltasar Martínez que resolvieron formar una sociedad para dedicarse a dicha actividad comercial.

Como ésta dio sus frutos, cada uno de los socios resolvió independizarse por lo que Antonio Cuscuela resolvió quedarse en Colegiales, que es el nombre con el que se distinguió el lugar; su hermano José se fue a la Rosada comprándole a Calzado el almacén que este poseía en el lugar en tanto que Baltasar Martínez se fue a Santa Lucía para continuar allí con la misma actividad.

Hoy lo que fuera el almacén de Colegiales es propiedad de la sucesión de don Santiago Acevedo.


La Rosada:

Don José Cuscuela actuó durante varios años en el lugar y luego de haber logrado la fundación del Club La Esperanza y el establecimiento de la Escuela Nº33, vendió a su cuñado Juan Rodríguez el comercio en cuestión para comprar el almacén “La Colorada”, donde incorporó una panadería.

Almacén de Las Flores:

El almacén de Las Flores surgió como la mayoría de los almacenes de campo, motivado por la necesidad de los agricultores de abastecerse de  los elementos indispensables de subsistencia y también por razones de convivencia social ya que en ellos se reunían los chacareros y trabajadores de la campaña donde como en la mayoría de los casos las reuniones terminaron en la formación de un club social o deportivo.

Quien abrió el negocio fue un tal Godofredo, un alemán residente en Baradero, que luego alquilo lo allí existente con las diez hectáreas que formaban parte del almacén, a don Lázaro Rocca.

Rocca llegó a ser dueño  de todos los terrenos próximos a su almacén Las Flores, menos las diez hectáreas que inicialmente le alquiló el primer dueño del comercio don Godofredo.

Más tarde el establecimiento pasó a manos de don Nicasio Marban, el administrador de la estancia de Planas, cuyo nombre tomó con el tiempo. La dueña de la estancia fue la señorita María Carmen Planas y Sensat, amiga de Carlos Gardel según manifestaron testigos que vivieron por esos lugares.

En dicho establecimiento también se afirma que trabajó como boyero de estancia nuestro conocido y nunca bien ponderado actor Luis Sandrini.

La escuela Nº9 funcionó en las inmediaciones del almacén, la cual tuvo como maestro varios años a don Alejandro Maino.

Almacén El Universal, hoy Almacén Beladrich:

Muy pocos almacenes de ramos generales nacidos a finales del siglo XIX o comienzos del XX sobreviven ya en el medio rural del partido, como resultado del progreso en cuanto a comunicaciones y el despoblamiento de casi todas las colonias agrícolas, habidas en las distintas estancias del partido.

Desde los albores de la ocupación territorial del partido, uno de esos caminos unió San Antonio de Areco con San Nicolás, utilizando el paso natural y de poca profundidad que ofrece el río Arrecifes,  y que en 1840 el General Lavalle utilizó para llegar con parte se sus tropas al Fortín Areco.

Dicho paso desde el comienzo mismo de la colonización se lo conoció como Paso de Andrade y fue según crónicas utilizado por Carlos Darwin en oportunidad de su paso por San Pedro.

A comienzos de este siglo el viajero que utilizaba el camino real, tenia la información de las distancias a través de los indicadores de fundición que aún subsisten, y que encontraba en su cruce con el río Arrecifes un lugar que invitaba a un descanso reparador; allí tuvo nacimiento una pulpería que según informes que hemos recogido perteneció en sus inicios a don Manuel Queral, el mismo que luego se afincara en la zona que se llamaría La Buena Moza.

Dicha pulpería se habría conocido con el nombre de “Chispería”. Con el correr de los años esta paso a manos de don Ignacio Alustiza dando nacimiento al comercio de nuestra referencia.

Años más tarde Alustiza se asoció con Andres Beladrich antes de venderle el almacén, en razón de que el hijo de éste, también Andrés de nombre, y para quien compraba parte del negocio, debía completar primero la experiencia que había adquirido como dependiente en los almacenes de Cuscuela y luego en el de Santos y Pantaleón Gonzalez.

En su momento siendo ya dueño del total de la firma don Andrés Beladrich y siendo su hijo ya mayor de edad, trasladó el almacén definitivamente al partido de San Pedro, en un lugar muy próximo al anterior paraje, donde podríamos decir que convergen cuatro partidos, Baradero, Arrecifes, Bartolomé Mitre y San Pedro.

El arruinado edificio de barro y chapa con que inicialmente iniciara sus actividades don Andrés Beladrich, fue reemplazado con el devenir del tiempo, por el actual más moderno y de material, guardando a pesar de ello el testimonio de innumerables recuerdos que hacen a la historia del paraje.

En 1922, como resultado de las gestiones efectuadas se inauguró la Escuela construida sobre un terreno ubicado próximo al almacén, facilitado por la señora Victorica hasta tanto funcionara aquella, siendo su primera maestra y directora la señora Elisa Basaldúa de Garmendia.

Dos años más tarde, los vecinos encabezados por Andrés Beladrich culminaron fundando un club; al cual se lo llamó “El Universal”.
Dicho club llegó a ser famoso no sólo por lo magníficos bailes que se realizaban en él, adquiriendo especial fama los de fin de año, sino por las obras teatrales que se llevaban a cabo en sus instalaciones, las cuales eran a beneficio de escuelas zonales y de los Hospitales de San Pedro y Santa Lucia.

Accidentalmente el Almacén Beladrich es el más alejado geográficamente de la ciudad de San Pedro, a tal punto que los viejos políticos dudaban si pertenecía o no al partido.

A medida que corría el siglo XX, los almacenes de ramos generales se fueron convirtiendo en puntales del incipiente comercio de la campaña con la venta de arados, molinos a viento para sacar agua  y toda clase de herramientas que llegaban en cajones de excelente madera que era utilizada para hacer mesas y bancos largos o individuales; en este último caso tenían como asiento las tapas de los cilindros de arpillera en que venía envasada la yerba mate.

Algunos de los almacenes mencionados se constituyeron en generadores de pequeñas poblaciones dentro del partido, otros han desaparecido, o como el que analizamos, se mantiene erguido con implacable obstinación como queriendo vencer al progreso al que ellos contribuyeron a desarrollar.

En el almacén Beladrich, como se lo conoce actualmente, una vieja reja reformada aún perdura y marca el límite de una leyenda que recuerda el paso de algunos personajes cuyo destino siempre estuvo ligado siempre a la muerte donde las disputas y los altercados provocados por el juego o cuestiones menores, son parte de una historia doméstica que se agiganta con el paso del tiempo.

La taba, las bochas, los naipes o alguna cuadrera constituían el paso previo a acercarse al mostrador de estaño para tomar alguna copa. Hoy rigen nuevas costumbres y distintas normas de vida que han alejado aquellos hábitos, así como la fórmica ha sustituido al estaño.

En este y en todos los almacenes mencionados, en épocas pre-electorales era común ver llegar a representantes de los diferentes partidos políticos desplegando toda una gama de promesas que generalmente, acorde a los tiempos actuales, nunca se cumplían, porque solo se acercaban a esos apartados cuando la urgencia política lo exigía.

 

 

Fuente: "Historia Documental de San Pedro", Tomo III, "Del pueblo a la ciudad", 1854-1907

Américo R. Piccagli, Ed. Rafael de Armas y Asociados.

 

 
 



Compartir en Facebook

Más en esta sección


Nueva aparición de fosiles en nuestras tierras: brazo de toxodón atacado por termitas milenarias

Nuevo hallazgo en el Paraná: una antigua moneda rosista

Hallan navío de la Batalla de Obligado sumergido en el Río Paraná

Hallazgo de una milenaria cornamenta de ciervo

Nuevas evidencias de acciones bélicas despues de la Batalla de Obligado

tirofederal tirofederal
losrobles losrobles losrobles
hoteleser hoteleser hoteleser hoteleser hoteleser
mariana mariana mariana
donna donna
 
www.infoguiasanpedro.com® todos los derechos reservados ©2005 - 2012
san pedro · buenos aires · argentina