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San Pedro - Historia


Primeras manifestaciones políticas en nuestra ciudad: los clubes

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Al elaborar el análisis de la época después de la caída de Rosas, nos damos cuenta que no resultó fácil realizar la organización del país, con un pueblo que equivocadamente o no, seguía siendo fiel a quien consideraban protector y defensor de los derechos soberanos del país. Esta situación no debe sorprendernos porque en este siglo no hace muchos años, el pueblo dio muestras de igual actitud al mantenerse unido junto a quien consideraban su líder después de producida la Revolución Libertadora de 1955.

A tal punto resultó compleja la tarea de los triunfadores de Caseros, que al tomar las primeras medidas de tipo político comenzaron a surgir los primeros enfrentamientos en los estamentos gubernamentales entre quienes tenían conceptos diametralmente distintos acerca de la futura política del país.

Comenzaron a aparecer de ese modo a nivel nacional, algunos personajes que respondiendo a los viejos ideales federales se abroquelaron alrededor del caudillo entrerriano, al que comenzaron a respetar como nuevo jefe.

Frente a estos se ubicaron figuras liberales de la talla de Mitre, Alsina, Sarmiento y otros que desde el primer momento trataron de atraer a los hombres que habían actuado dentro del partido federal, como Lorenzo Torres, Anchorena, Seguí o Pacheco para bloquear el accionar de Urquiza.

La dirigencia se dividió de ese modo en “Progresistas”, que así se consideraban los mitristas con Alsina, Obligado y Vélez Sársfield a la cabeza; los “Federales” que respondían a los anteriormente mencionados y un tercer grupo que respondía a Félix Frías y José Domínguez conocido como “Conservadores”.

La larga lucha entre los unitarios de quienes se declararon herederos los liberales y la antigua concepción federal, se proyectó más tarde entre el centralismo porteño, formado en gran parte por comerciantes y nativos pudientes dedicados a la política y quiénes pensaban en un federalismo autentico; se alentó de ese modo la formación de 2 opiniones que respondían a enfoques opuestos respecto al federalismo de Buenos Aires, propugnado por Mitre que había presentado un proyecto en el Congreso Nacional que se oponía a los intereses de la Confederación.

La figura de Mitre fue sin duda la gestora del nacimiento del primer partido político , el Partido Mitrista, llamado nacionalista después, de neto cuño liberal y que durante largo tiempo moderó los balanceos de la política nacional.

En su lucha por alcanzar el poder como veremos más adelante, encontró escollos dentro de su misma gente, pues al atender Adolfo Alsina los derechos de las provincias fue dando nacimiento con su postura al Partido Autonomista, movimiento que culminaría luego en un gran partido nacional.

Tanto uno como otro tuvieron sus seguidores en San Pedro: a Mitre lo seguían figuras maduras, por sobre todo liberales y austeras como Facundo Quiroga, el Dr. Norberto Dávila, don Eugenio Arnaldo, don Miguel Cuchi, Eusebio Villar, Nicanor Lescano, Agustín Bibolian, Pedro Escola, Vicente Mulet, Jacinto Agnese, Jorge Villar, Eugeniano Obligado, Eduardo R. Molina, Pedro Semilla, Manuel Fernández, Juan José Muro, Moisés Novillo (padre), Eusebio Chacón, Demetrio Urraco, personajes todos que tuvieron destacada participación en los años iniciales de la organización del municipio y que en ese momento respondían a don Gerardo Bozzano, condiscípulo de Julio A. Roca en el Colegio Concepción del Uruguay, egresados ambos en 1858.

El destino quiso que nuestro vecino se ubicara a nivel nacional en la vereda pública opuesta a la sostenida por su compañero de escuela; don Gerardo Bozzano fue durante varias décadas quien orientó a nivel local lo que podríamos citar como el primer movimiento político de San Pedro.

A Adolfo Alsina en cambio, salvo don Miguel Molina, lo seguían e integraban sus filas más bien gente joven, como Constantino Vélez Sársfield, hijo de Dalmacio, autor del Código Civil y dueño de una estancia en Arroyo Burgos, Rafael Fernández, Juan Semilla, Clodomiro Ratto, Jacinto Aranda, Bernardo Gómez, Francisco Del Pardo, Primitivo Madruga, Artemio Laserna, Modesto Cañete, Martiniano Carmelies, Ramón Pereira, etc.

Ninguno de los dos grupos conformaba un partido orgánico y armado como los que vemos actuar hoy con principios definidos, taxativamente expuestos en una plataforma, sino que giraban alrededor de personajes que sustentaban a determinados candidatos, hasta que aparecieron los clubes políticos o comités.

Dichos personajes confeccionaban “listas de amigos” según expresa un documento firmado por Bozzano y que obra en nuestro poder, donde se desprende que en determinado momento levantaban como bandera el nombre del candidato que intentaban imponer en el acto eleccionario; por eso aparecen tantos cambios, acuerdos, uniones y pactos entre los distintos personajes de aquellos días.

Muchas veces se hace difícil entender en que partido estaban pues de acuerdo a algunas cartas surgen algunas dudas. Tal es el caso de una nota enviada por don Justo Andrade (roquista) a don Gerardo Bozzano (mitrista), en la que se lo invita a prestar su colaboración “para dar un baile festejando la derrota del General Arredondo por el General Roca”, cuando está claro que Arredondo apoyo a Mitre en las elecciones nacionales.

A esos actos eleccionarios se les llamaba “Asambleas”, donde el votante de viva voz decía por quien estaba decidido a votar, era lo que hoy llamamos “voto cantado”. El Juez de Paz previamente procedía a la apertura del acto eleccionario del cual dejaba constancia en un acta, que al solo título ilustrativo transcribimos una, correspondiente a las primeras elecciones realizadas en el pueblo y que dice así:

“Reunidos el Juez de Paz, Alcaldes, subtenientes y un número competente de vecinos de San Pedro en la casa Parroquial de éste, hoy 13 de junio de 1858, se procedió con arreglo a la Ley de Elecciones a la apertura de la asamblea y nombramiento del Presidente y de los 4 escrutadores de la mesa electoral que previene el artículo 9º de la citada ley, resultando electo para el primer cargo, a Don Vicente Mulet, y para los segundos a Don Bonifacio Montes, Don Benigno Sires, Don Francisco Casco y Don Pedro Domínguez.”

Acto seguido el Juez recibía de los expresados individuos el juramento ordenado en el artículo 10º, procediendo luego a dar posesión de los cargos con la firma de las actas respectivas. Muy pocas veces se daba que alguien se manifestara en contra de quien encabezaba la lista; además quienes concurrían estaban ya prácticamente de acuerdo a quien debían votar y difícilmente alguien se manifestara en forma pública decidido a proponer otro nombre; por lo menos eso se interpreta en las actas.

La necesidad de renovar los hombres que desempeñaban funciones públicas por culminación de sus mandatos y la circunstancia apuntada en el párrafo anterior, trajo como consecuencia la necesidad de formar algún tipo de asociación para presentar y defender a los candidatos de turno sin aparecer personalmente en ello; a estas asociaciones se las llamó “club”. Tanto nacionalistas como autonomistas trataron de cumplir con ese cometido en el interior del país a través de sus relaciones amistosas.

En nuestro pueblo fue Bozzano el personaje clave de esa época, por lo que siendo socio y fundador del famoso “Club Unión” (1869), más tarde “Club Unido”, dio lugar al nacimiento de un concepto erróneo, aunque honesto por cierto, de atribuir el origen de dicho club a esa circunstancia.

Ese concepto debe enmarcarse en un período posterior al origen de esa institución, que surgió motivada esencialmente por razones culturales y sociales. Los clubes políticos en cambio surgieron en nuestra ciudad y en distintos pueblos del interior del país, respondiendo a características y necesidades políticas, conformando con el transcurso de los años los famosos comités políticos.

Esta opinión personal de quien esto escribe es avalada por una publicación local de la época, en el periódico “El Combate”, que en su edición del día 24 de julio de 1890, o sea más de 20 años después de la fundación del club mencionado, decía:

“Llega a nosotros el rumor de que se formará en la localidad muy en breve un club político, que responda a las ideas y principios que han dado base a la comunidad política que lleva el mismo nombre en la Capital de la República.”

Como puede apreciarse observando ambas fechas, estos clubes surgen mucho más tarde a aquella y tenían un alcance netamente político desde su origen y así lo confirma un comentario posterior del mismo periódico cuando dice:

“…se hacen trabajos para darle forma tangible a la Unión Cívica en la localidad, pero se encuentran resistencias serias por cuanto y como siempre, antes de lanzar la idea ya quieren repartirse las designaciones del Club, dirigiéndolo como cosa propia.”

Lo esencial e importante es que cada club político giraba alrededor de una persona y contaba con el apoyo de algún periódico; así “El Club del Pueblo” tenía como figura a Mitre a quien acompañaba Elizalde, J.M. Gutiérrez, Eduardo Costa, Varela, Ramos Mejía, Gómez, Castro, etc. y lo respaldaba El Nacional en el que escribía Dalmacio Vélez Sársfield, más tarde enfrentado con aquel.

“El Club de la Libertad” en cambio estaba conformado por casi todos los antiguos federales y también los hijos de estos que respondían a Adolfo Alsina, Carlos Tejedor, Pastor Obligado, Leandro Alem, Aristóbulo del Valle, los Guido Spanno, Goyena, Estrada, Navarro Viola entre otros y que por defender la autonomía provincial recibieron el nombre de autonomistas; también se los conocía como los “crudos”. Estos también tenían conexiones en San Pedro, en este caso a través del ex-Juez de Paz don Tomás Obligado. Debemos aclarar que a los integrantes del primer grupo o sea los del Club del Pueblo se los identificaba con el mote de “cocidos”.

Eduardo Molina, por su parte, el mismo que más tarde integraría el Club Nacionalista San Martín, fue designado como representante del Club Constitucional de San Pedro y candidato a diputado por la sección para las elecciones de 1873.

Así estaban las cosas cuando debía efectuarse la renovación presidencial. Sarmiento que había llegado a la presidencia sin una clara aprobación de Mitre, logró conformar en las provincias núcleos influyentes, que pasaron a constituir la base de la gran máquina electoral, con la que contrarrestarían la acción principista de Mitre en Buenos Aires.

En el interior no olvidaban la guerra del Paraguay ni la acción liberadora de Mitre, por lo que su nombre que apareció como pre-candidato frente a los de Alsina, Quintana y Tejedor y más tarde el de Avellaneda, era bandera de fracaso según una expresión de José M. Rosa.

Tejedor en su intento por asegurar el triunfo, siendo gobernador había nombrado a Fernández Juez de Paz en San Pedro para tener igual que en cada punto de la provincia el aporte para su eventual candidatura a presidente; y si bien en determinado momento llegó a tener todo a su favor poco a poco lo fue perdiendo.

Mitre confiado en que su imagen arrasaría a los eventuales adversarios, al mismo tiempo que aceptaba su candidatura se anticipaba a declarar confiado en su triunfo, que cualquiera fuese el resultado de la elección, consideraba que seria un deber prestar

“nuestro leal concurso al elegido del pueblo y acatarlo como representante de su voluntad soberana”

Palabras que nunca pensó podían comprometerlo en caso de derrota, como efectivamente ocurrió, porque esa fue su declaración, no su actuación posterior, ya que al resultar electo el Dr. Avellaneda, candidato de Sarmiento, se alzó contra él con las armas en la mano por entender que el país se desviaba en sus convicciones principistas siendo derrotado en La Verde por el Coronel Arias.

Don Julio Victorica, hombre vinculado al partido de San Pedro, como en todos los casos por razones familiares y de intereses, dice a este respecto en su libro Mitre y Urquiza:

“El General Mitre siempre fue revolucionario, el resultado de las elecciones presidenciales de 1874 en que su candidatura fue vencida, lo hizo al aceptar el comando de los que protestaron con las armas en la mano por la coacción o fraude de que según ellos se valieron sus contrarios.”

Este fracaso no despejó la escena política, los diarios seguían hablando del estado imperante en el país y el nacionalismo que respondía a Mitre pregonaba la abstención electoral atento a que su líder se vio obligado a exiliarse en Montevideo, olvidando por otra parte que aquel había dicho que: “La peor de las victorias legales vale más que la mejor revolución”.

La abstención de los nacionalistas también se cumplió en San Pedro y ello tuvo incidencia en los cargos del gobierno municipal, donde fue electo Benito Mamberto dejando en manos de los autonomistas el municipio que lo ocuparon hasta 1878.

 

Fuente: "Historia Documental de San Pedro", Tomo III, "Del pueblo a la ciudad", 1854-1907

Américo R. Piccagli, Ed. Rafael de Armas y Asociados

 

 

 

 



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