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San PedroOscurecido por las nubes (de humo)
El cielo de San Pedro ya no es azul cuando se mira hacia el horizonte, en dirección al Paraná. Los frecuentes incendios en las islas son un ataque permanente a la salud de las personas y a la del medioambiente. El uso del fuego como método para "despejar", con fines lucrativos, amplias zonas naturales cubiertas de vegetación, está enquistado en la "cultura" agroganadera desde tiempos inmemoriales. Antes quizá de que empezara a dañarse seriamente el medioambiente o de que se pensara en ello a través de un paradigma ecológico. Se queman grandes extensiones con distintos propósitos: conseguir que crezca pasto nuevo para el ganado -renovación de pasturas- , despejar los montes con propósitos de caza o para crear una zona cultivable -el cultivo de soja se ha extendido de manera notable en las islas-. Los que prenden fuego saben que es una manera rápida, barata y efectiva de "ganar terreno", pero pretenden ignorar que es también un método brutal, descontrolado, irresponsable, egoísta y, aunque suene exagerado, criminal y suicida. Todos sabemos qué ocurre cuando se arroja apenas un fósforo en medio de un lugar con abundante vegetación: el fuego se expande de manera vertiginosa, aliado con el viento y la sequía, abarcando kilómetros de distancia, generando llamas de una altura que causaría terror a cualquiera, llegando a perdurar semanas hasta el momento de su extinción total, quedando ésta a merced de las condiciones climáticas. El problema se agrava cuando las quemas se efectúan durante el período de sequías, es decir, cuando hay bajo promedio de lluvias, bajo nivel de agua en las lagunas y bajos inundables, altas temperaturas y baja humedad ambiente (1). El fuego se desplaza acabando con todo lo que existe, lo orgánico y lo inorgánico. Miles de especies animales mueren quemadas con cada incendio y las que no, deben salir huyendo de su hábitat natural en busca de un lugar donde lo único "seguro" que encuentran es, por lo general, la muerte. Los daños causados en la vegetación y en el ecosistema en general no son menos graves. Hay datos de enorme importancia que debemos conocer: las islas que conforman el Delta del Río Paraná que se extiende a través de las provincias de Entre Ríos, Buenos Aires y Santa Fe, contienen humedales, comúnmente llamados bañados. "El término humedales se refiere a una amplia variedad de hábitats interiores, costeros y marinos que comparten ciertas características. Generalmente se los identifica como áreas que se inundan temporariamente, donde la napa freática aflora en la superficie o en suelos de baja permeabilidad cubiertos por agua poco profunda. Todos los humedales comparten una propiedad primordial: el agua juega un rol fundamental en el ecosistema, en la determinación de la estructura y las funciones ecológicas del humedal" (2). Los humedales generalmente sustentan una importante diversidad biológica y en muchos casos constituyen hábitats críticos para especies seriamente amenazadas. Asimismo, dada su alta productividad, pueden albergar poblaciones muy numerosas. Puntualmente, en esta región del delta, existe una gran biodiversidad: 31% de aves (304 especies), el 39,6% de peces de agua dulce (133 especies), 13,6 de mamíferos, 15% de reptiles y 18,6% de anfibios (3). "Los humedales son ecosistemas de gran importancia por los procesos hidrológicos y ecológicos que en ellos ocurren y la diversidad biológica que sustentan. Entre los procesos hidrológicos que se desarrollan en los aquí se encuentra la recarga de acuíferos, cuando el agua acumulada en el humedal desciende hasta las napas subterráneas. Las funciones ecológicas que desarrollan los humedales favorecen la mitigación de las inundaciones y de la erosión costera. Además, a través de la retención, transformación y/o remoción de sedimentos, nutrientes y contaminantes juegan un papel fundamental en los ciclos de la materia y en la calidad de las aguas" (4). Es indispensable el cuidado y mantenimiento de los recursos naturales que nos proveen los humedales. Son muchas las actividades humanas que dependen de ello: el abastecimiento de agua dulce - "la existencia de agua limpia está relacionada con el mantenimiento de ecosistemas sanos" (5), el manejo de la vida silvestre, la pesca, la actividad forestal, la agricultura, el pastoreo, el transporte y el turismo. Según una investigación llevada a cabo por el Director del Colegio de Ingenieros Especialistas de la provincia de Santa Fe y docente de la Universidad Católica Argentina, Claudio Belloso, y la coordinadora del Area Tóxicos del Taller Ecologista de Rosario, Cecilia Bianco, la combustión del residuo vegetal producto de la quema de pastizales genera la liberación de dos compuestos contaminantes: las dioxinas y los furanos, "que nos afectan a largo plazo, a nivel de los sistemas reproductivos e inmunológicos, porque son disruptores hormonales que se mimetizan y alteran la información de las células y ahí aparecen los problemas" (6), entre los cuales existe un potencial efecto cancerígeno. Todo está documentado en un informe realizado por científicos argentinos para las Naciones Unidas, sobre liberación de dioxinas y furanos de la Argentina que marcó, en 2001, que el 80% de la incidencia de estos compuestos corresponde a la quema de pastizales en el país. En poco tiempo y si persite el aumento del número de vacas en las islas, "los excrementos del ganado depositados en riachos, lagunas o en aguas estancadas, producirá una acumulación de nitrógeno y fósforo, nutrientes que favorecen el crecimiento de algas que generarán un cambio en la biodiversidad. En tres años los riachos se convertirán en riachuelos contaminados como el de Buenos Aires" (7). Los incendios provocados diariamente en las islas nos plantean serios interrogantes éticos y también legales: ¿Tiene derecho una persona física, jurídica o lo que fuere a causar semejante destrucción, a atentar contra estos ecosistemas, contra sus recursos naturales y a amenazar a corto plazo el equilibrio ambiental? ¿Es legal destruir estos espacios naturales? ¿O está simplemente legitimado por los usos, costumbres y hábitus? ¿Por qué razón ninguna autoridad se hace cargo ni existen legislaciones claras al respecto? ¿Qué le provoca a la gente más allá de las molestias por la presencia permanente de humo y cenizas que caen en las ciudades? La situación exige ya un planteo serio por parte de todos. Las islas tienen una existencia paradojal: son a la vez "tierras de nadie" y "tierras de todos". Es necesario que estos lugares sean declarados, con urgencia, parques nacionales para que sean protegidos debidamente. Ha llegado el momento de tomar intervención antes de que sea tarde, de generar presión a través de los medios y de los organismos ambientalistas para que los gobiernos provinciales y nacionales hagan lo que corresponde. Una presión que deberá superar la que ejercen sin dudas los intereses económicos, la ambición descerebrada por "colonizar" estas tierras que llevará a corto plazo al desastre ecológico y al arrepentimiento inútil. Fuentes Consultadas Compartir en Facebook Más en esta secciónPresentación de 25 documentos históricos de la batalla de obligado |
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