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<description>Portal de la ciudad de San Pedro. Información y servicios relacionados al turismo, la producción y la sociedad en general</description>
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<title>Historia del Edificio Municipal</title>
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<category>San Pedro - Historia</category>
<description> San Pedro era un incipiente pueblo que seguía manteniendo las costumbres que había adquirido a lo largo de los últimos años de gobierno rosista. El edificio del convento seguía siendo el epicentro alrededor del cual giraban todas las inquietudes políticas y culturales del partido, a pesar de haber dejado ya de ser el mejor edificio del pueblo y haber logrado sobrevivir al paso del tiempo, solo gracias a los pocos trabajos que se realizaban para su mantenimiento. 
 Desde que el convento pasó al dominio de la autoridad civil fue utilizado durante algún tiempo como sede de la primera escuela de estado y también como sede de las autoridades del juzgado de paz, arbitraria autoridad del partido en aquel tiempo.
 Pero a partir de 1854, como consecuencia de la aplicación de la ley de organización de los municipios, se produjeron cambios sustanciales en la organización política y administrativa del partido. Tomo forma un nuevo sistema de gobierno y apareció en escena un cuerpo deliberativo representado por municipales electos por el pueblo, que debieron asumir ciertas responsabilidades que antes estaban depositadas en el poder central.
 Como el convento ya no ofrecía comodidades edilicias ni disponía de espacios aptos para las tareas administrativas, las nuevas autoridades debieron buscar un lugar adecuado para el desempeño de sus funciones que cada día amanecían más complicadas.
 Quienes no tienen otra información que la obtenida de los ensayos históricos realizados hasta la fecha, seguramente estarán convencidos que el convento aún a mediados del siglo pasado era un edificio extraordinario y fuera de lo común para la población. No es tan así, solo se mantenía como el centro alrededor del cual se aglutinaba toda la actividad administrativa desde el inicio mismo de la creación del partido.
 Pero la realidad era muy distinta; si bien había sido el primer y mejor edificio del pueblo, si situación a partir de las reformas rivadavianas había cambiado sustancialmente, a tal punto que ya no dependía de los franciscanos, por lo que el mantenimiento que aquellos trabajosamente y con gran sacrificio realizaban fabricando ellos mismos las rejas y ladrillos, había desaparecido.
 El inventario realizado en 1834 en cumplimiento de las reformas mencionadas, es el único documento conocido que describe la distribución del edificio, pero que nada aclaras sobre el estado en que aquel se encontraba en esos momentos, solo se hace alguna referencia a las aberturas o muebles afirmando que "son viejos pero útiles", por lo que fácil resulta deducir que el estado general del edificio no debía ser muy floreciente.
 Casi todos los frailes franciscanos se habían retirado del pueblo y ya no utilizaban sus dependencias, salvo quien estaba al frente de la iglesia. El convento parecía facilitar para algunos el desenvolvimiento de la administración por la cantidad de salas que tenía, pero su precario estado de conservación no aconsejaba su uso para las distintas ramas que debían ocuparse desde educación y defensa del menor, tesorería, policía administrativa, salud, justicia, obras, etc.
 A pesar de la capacidad que ofreció el edificio en otros momentos, las nuevas autoridades surgidas con la organización del municipio atendiendo el deteriorado aspecto que presentaba, consideraron que no era adecuado que funcionara en el la primera Corporación Municipal. Mucho más grave se presentaba aún se presentaba la situación, si se tiene en cuenta que debían compartir la parte útil con el Juzgado y la escuela de primeras letras, por lo que aquellas resolvieron buscar con toda urgencia una casa que respondiera a sus necesidades, hasta tanto se pudieran efectuar las reparaciones necesarias.
 A partir de ese momento el convento siguió siendo utilizado durante algún tiempo por la escuela oficial de primeras letras del partido y también como sede del Juzgado de Paz hasta el comienzo de la década del 60, en que aquella se trasladó a la casa de doña María del Corazón Jesús Quiroga Fernández hija del Tigre de los Llanos y recientemente viuda en esos momentos del doctor José Gaffarot, Municipal fallecido en 1862. El Juzgado en cambio permaneció en el lugar sorteando como podía las dificultades que la situación ofrecía.
 La falta de atención adecuada por parte de los ocupantes, agregado a la acción destructiva del tiempo, hizo que el edificio conventual se fuera deteriorando rápidamente y las pocas salas útiles que quedaban no alcanzaban ya para las necesarias oficinas públicas que la administración local requería.
 Los integrantes de la nueva administración, luego de constituido el Cuerpo Deliberativo, resolvieron adoptar con urgencia una esencial medida extrema respecto a su sede, por lo que en la reunión del 20 de abril de 1856 ante la imposibilidad de funcionar allí por las razones expuestas, tomaron en alquiler una casa propiedad de Don Pedro Aguirre, por la suma de 230 pesos mensuales, con un contrato por 2 años.
 Para que el traslado pudiera concretarse, Don Tomás Obligado facilitó 4.500 pesos bajo el compromiso de ser devueltos a razón de 500 pesos por mes. Dicho dinero tenía como destino la "compra de muebles" y los arreglos necesarios para adecuar la casa y ser útil a las necesidades del municipio.
 Debido al estado de desatención en que se mantuvo al edificio de los recoletos y supuestamente también por razones de comodidad, los elegidos para llevar adelante la administración del partido permanecieron en la casa alquilada, hasta el 1 de junio de 1863 en que fue reclamada por su dueño, debiendo los municipales abocarse como consecuencia de ello a buscar otra casa o en caso contrario proceder al arreglo del viejo edificio conventual, inclinándose finalmente por esta última alternativa.
 Al igual que lo ocurrido con la Iglesia que debió ser reacondicionada en varias oportunidades hasta que pudo construirse el nuevo templo en su actual emplazamiento, en la década del 70, también el convento a partir de esa década en que las autoridades decidieron ocuparlo nuevamente, debió ser sometido a continuos e innumerables arreglos, hasta que en determinado momento estos eran tantos que coaccionaron a la autoridad civil a dar prioridad en los años siguientes, hacia 1880, a considerar la eventualidad de construir un edificio que ofreciera comodidades y sirviera de sede de las autoridades municipales.
 Como preanunciando el proyecto que puso fin a tan grave e incomoda situación, en 1881 se rechazó un pedido efectuado por las autoridades de la Biblioteca Popular solicitando fondos para la construcción de su sede propia. Se dejo constancia en la nota de respuesta, que las autoridades municipales habían "resuelto el arreglo de la Casa Municipal por lo que no le era posible distraer más fondos en otros gastos".
 Tantos llegaron a ser los problemas planteados acerca del mantenimiento del edificio, que finalmente hicieron desembocar aquellas buenas intenciones en un proyecto destinado a la construcción de una nueva casa municipal.
 El proyecto sin embargo se demoró aún varios años, durante los cuales el primer intendente de nuestro partido don Máximo Millán fue elaborando un plano con la participación del ingeniero municipal.
 Una de las primeras medidas tomadas por el flamante Intendente fue comunicar al Juez de Paz con fecha 15 de julio de 1886 la necesidad de ocupar las salas que aquella repartición disponía en el edificio del convento.
 Pero hasta tanto pudiera lograrse la entrega de las instalaciones y se concretara la realización del proyecto, atento al estado de precariedad que ofrecía el edificio del convento, se resolvió buscar alguna casa adecuada para establecer provisoriamente las oficinas y el juzgado, aceptándose el ofrecimiento efectuado por Juan José Muro de facilitar sin retribución alguna una propiedad suya ubicada al lado de su vivienda que podía servir para tal fin.
 Hay que destacar la disposición del señor Muro, en este y otros aspectos solidarios al brindar su apoyo para solucionar algunos problemas que eran de vital importancia en la vida del pueblo, como cuando donó sus dietas legislador para la construcción del edificio de la Biblioteca Popular.
 Es muy probable que iniciativas de este tipo hayan sido quizás las que impulsaran a nuestro primer intendente municipal a concebir la idea de demoler el viejo y derruido edificio del convento para levantar en su lugar uno nuevo que sirviera más eficientemente como sede del poder municipal.
 El país se hallaba envuelto en una de las mayores crisis económicas que le toco vivir, y en nuestro partido cuyas principales actividades de la época eran la ganadería y la agricultura, se hallaba jaqueado periódicamente por distintas plagas difíciles de combatir en ese entonces, como las famosas mangas de langostas que en forma periódica llegaban desde el norte boscoso del país para arrasar con todos los cultivos y pastos del lugar.
 No obstante ello figuras nacionales como las de Pellegrini, Roca, Mitre, Uriburu y Quintana, para citar sólo algunas, estaban empeñadas en sacar al país de su crisis, mientras que en nuestro partido hombres de la talla  de Máximo Millán, Juan M. Arroqui, Felipe de las Heras, Vicente Basavilbaso, Gerardo Bozzano, Antonio Soler, Juan Semilla, Frers y otros tal vez menos renombrados vecinos del partido, pero con similares deseos y fuerzas de voluntad, encararon con clara determinación el proyecto que habría de permitir crear las condiciones necesarias para que las aspiraciones de esta apartada población de tan solo 5.195 habitantes en ese entonces, pudieran hacerse realidad.
 Lamentablemente dentro de quienes tuvieron a su cargo la materialización del proyecto no hubo ninguno que pensara que se viejo edificio del convento era la representación mas genuina del pueblo y la fervorosa acción de un religioso, el Dr. Fray Francisco Goycoechea, que donó sus tierras para que en ellas se levantara la sede de una comunidad religiosa que vino no solo para servir a Dios difundiendo el evangelio en la soledad de la campaña sampedrina sino para educar y transmitir cultura.
 El convento era por lo tanto todo un símbolo de cultura y ya un monumento histórico con casi 100 años de vida, por lo que alguien debía haber expuesto la idea de salvarlo de la demolición y resguardarlo como reliquia buscando otro lugar para el edificio municipal. Sin embargo ninguno levantó su voz para exponer estas razones y decir que allí se educaron los hijos de los fieles que vivían esparcidos en nuestro partido y en los de Salto, Rojas, Arrecifes, Pergamino y de las Hermanas.
 En tal establecimiento recibió la enseñanza primaria, el hijo de un poblador de nuestra campaña, más tarde "formador de hombres", e ilustre intérprete de nuestro pueblo, Diego José Serapio Rodríguez, conocido en la vida pública como Fray Cayetano José Rodríguez, fervoroso defensor y héroe de la Revolución de Mayo.
 Es una lástima grande que convergieran tantos olvidos y que nadie haya tenido presente que en alguna de las salas del viejo edificio, en oportunidad de su paso por el lugar en las vísperas del combate de San Lorenzo, el General San Martín comunicara a los franciscanos cual era su pensamiento, provocando una gran molestia entre los frailes, la mayoría de origen español, los cuales no se molestaron demasiado en recibirlo. No importa el convento en sí, sino el hecho de haber guardado la memoria de tantos acontecimientos que se dieron allí desde el inicio mismo de nuestra vida como pueblo.
 A la distancia de los años añoramos la existencia de un convento. No contamos ya con su presencia a pesar de haber sido la célula que diera nacimiento al pueblo como derivación de la Real Cédula que el Rey firmara el 26 de agosto de 1748, autorizando al visionario franciscano a depositar frente a los hermosos balcones del gran río, la semilla que fructificaría con el nacimiento de la bella y descollante perla del Paraná.
 La demolición del convento fue producto del olvido de la memoria del pueblo, de todos los acontecimientos ocurridos allí, y la razón de ser propia de los que solo piensan en el progreso sin retener la historia.
 Fue precisamente Máximo Millán, primer ciudadano en cubrir el cargo de Intendente Municipal, quien envió a comienzos de 1888 al recientemente electo Honorable Consejo Deliberante, "un croquis del plan del edificio Municipal que se proyectaba construir", confeccionado por el ingeniero arquitecto municipal don J. Nordman, para ser considerado por aquel cuerpo, cuya presidencia ejercía en ese momento don Felipe de las Heras.
 Considerado el plano presentado por el Intendente, éste asistió a la sesión del día 2 de abril de ese año para explicar sus alcances atento a que el mismo contemplaba importantes posibilidades de ampliación. Si bien todos los integrantes del organismo estuvieron de acuerdo con la propuesta, ello no significó que el proyecto se ejecutara de inmediato.
 Bozzano era quien más objetaba algunas propuestas formuladas en la reunión, no compartía el camino elegido y la urgencia invocada por al autor del proyecto. Lo hacía sin pensar que ello significaba la demolición de la mejor reliquia histórica que hubiera tenido el pueblo, sino por interpretar la misma necesidad de tener una casa municipal más cómoda y que permitiera el funcionamiento regular de todas las oficinas, pero como se trataba de un signo de progreso y adelanto no se opondría con su voto.
 El proyecto, según puede apreciarse en la exposición de Bozzano, no era contemplado como una dominante aspiración de la población y solo algunos deseaban ver concretado el proyecto con la presencia de un edificio nuevo y funcional como signo de prosperidad.
 Se aceptaba sin embargo dócilmente la idea de progreso que permitiría al pueblo convertirse cuanto antes en ciudad, sin reparar que para ello se hacia necesario demoler el convento que había sido el primer germen del pueblo y sin que nadie en esos momentos levantara la voz en defensa de lo que era una verdadera reliquia histórica. De ese modo se llevo adelante un proyecto sin un riguroso estudio de las consecuencias sociales, culturales y económicas que el mismo podía acarrear.
 Retomando el curso de los acontecimientos digamos que la aprobación de la iniciativa, hizo que espontáneamente se presentara para realizar la obra proyectada, don Serafín Donatti, persona conocida ya por su intervención en la construcción de la iglesia, con un presupuesto que superaba a los cálculos originales, pues ascendía a $79.950, por lo que fue rechazado en la sesión del 26 de septiembre no solo porque modificaba el presupuesto sino porque además comprometía a la Municipalidad al tener que ocuparse ella en comprar el reloj que se deseaba colocar en la torre del proyectado edificio.
 El Cuerpo Deliberativo a pesar de su reducido número de integrantes daba muestras de una gran responsabilidad en los manejos de los dineros del pueblo. Fue precisamente el municipal Juan Semilla el encargado de sugerir que creía no ser conveniente a los intereses del Municipio aceptar la propuesta de Donatti.
 El municipal hacia la objeción atendiendo probablemente a los problemas habidos en la construcción del templo, según se documenta en el punto correspondiente, motivo por el cual afirmaba que debía llamarse a licitación por el término de un mes.
 El llamado evidentemente dio sus frutos pues se presentaron varias ofertas, siendo la primera la presentada por don Gustavo Nougués, domiciliado en Buenos Aires y que ofrecía hacer la obra dentro de los precios unitarios fijados por el arquitecto municipal más un ajuste de un 9.5% sobre el valor calculado de 65.000 pesos a que ascendía su propuesta.
 La firma Juan Podestá y Cía., otro de los oferentes, se comprometía por su parte a dar por terminada la obra en el tiempo fijado de 8 meses con arreglo del plano y pliego de condiciones formulados, por la suma de 77.882; mientras que don Juan Barbasio en las mismas condiciones que el anterior proponía hacerlo por la suma de 69.000 pesos.
 Don Serafín Donatti por su parte insistía en su propuesta proponiendo la suma de 74.000 pesos con una rebaja de 5.000 sobre el presupuesto y condiciones oportunamente pasados.
 La oficina de Obras Públicas a cargo del dictamen, aconsejo al intendente aceptar la propuesta de Juan Barbasio por ser la más ventajosa, siendo el dictamen aprobado por el cuerpo Deliberativo en la sesión del 26 de septiembre de 1888, a condición de que el empresario se sujetase en un todo a los planos y pliegos de condiciones formulados por el Arquitecto Nordman.
 Este establecía que el edificio debía ser entregado concluido a los 8 meses de ser firmado el contrato con la Municipalidad; vencido ese término se pagaría 500 pesos por mes de multa, debiendo además depositarse una suma de 1000 pesos como garantía que serían devueltos después de llenados los cimientos.
 Si el terreno exigiese una mayor profundidad de fundación a la indicada en el plano, esa diferencia sería pagada aparte por la Municipalidad al igual que todo trabajo que se impusiese no comprendido en el contrato.
 Recién en la sesión de fecha 12 de noviembre de 1888 y con la presencia de los mayores contribuyentes se trató sobre tablas la propuesta del Intendente y el presupuesto aprobado, cuya intención era poner fin a una situación inmanejable acerca del mantenimiento del viejo edificio.
 La Comisión Administradora de la nueva casa municipal puso de manifiesto la necesidad de nombramiento de un empleado auxiliar encargado de inspeccionar la obra y realizar el seguimiento e las tareas, por lo que el Consejo Deliberante en su reunión extraordinaria realizada el día 17 de diciembre de ese año designó a José Lavaque para cubrir dicho cargo.
 Con la aprobación del contrato de septiembre de 1888, quedó prácticamente autorizada la demolición del viejo edificio conventual quedando para beneficio del empresario todos los materiales proveniente de dicha tarea.
 Se exigía eso si, que todos los materiales que se acumularan en la obra quedarían afectados al contrato, no pudiendo ser retirados hasta su finalización, situación que fue variando por las necesidades del empresario que vio afectado su presupuesto por los permanentes cambios de valores que impulsaba la suba permanente del oro, debido a la crisis que atravesaba el país.
 Específicamente se estableció que el empresario debía colocar un reloj en la torre, con un cuadrante de 1,50 metros de diámetro y garantizar su buena marcha durante cinco meses por lo menos, a cuyo efecto se retendrían hasta dicha fecha, después de su colocación y pagada la obra, la suma de 500 pesos; el valor del reloj se estimó en 1250 pesos.
 Previendo que podría surgir algún problema de difícil solución se convino que toda desavenencia seria resuelta por un jury compuesto por dos arquitectos designados uno por parte y cuyos honorarios serían pagados por la parte perdedora de la disputa; se tenía en ese aspecto la experiencia de lo ocurrido anteriormente en la construcción del templo.
 No se equivocaron los municipales por cuanto el primer problema surgió en los cimientos, lo que obligó  a realizar algunas tratativas que finalizaron con un compromiso en el que Barbasio ofreció complementar el convenio colocando una capa de cemento hidrófugo en el punto de arranque de las paredes, siendo autorizado por la Comisión Administradora, hacerlo únicamente en las paredes que miran hacia el sudeste y sudoeste por ser siempre las más húmedas.
 Era prácticamente imposible que una obra de tal magnitud no sufriera alguna interrupción, tratándose sobre todo de un edificio de tantas dimensiones y donde las decisiones y responsabilidades se repartían generosamente.
 No solo problemas técnicos incidieron para que ello ocurriera sino que la falta de dinero hizo crisis en determinado momento en las arcas del municipio.
 La construcción fue suspendida a mediados de 1889, motivo por el cual luego de largas tratativas el Consejo Deliberante en su sesión del 25 de Marzo de 1890 consideró el aumento de 10.000 pesos sobre el contrato original solicitado por Enrique Palombo y Cía. que fueron quienes tomaron a su cargo el contrato firmado por Barbasio.
 El pedido de aumento solicitado por los constructores estaba respaldado en el aumento del oro que repercutió en el valor de los materiales, por lo que según el empresario se le hacía imposible continuar con la obra, ya que éste había cobrado 60.000 pesos faltándole cobrar solo 9.000 pesos, pero los trabajos que aún faltaban realizar importaban la suma de 20.000 pesos.
 El Consejo Deliberante en su sesión del 7 de octubre de 1890 resolvió autorizar a los señores Enrique Palombo y Antonio Giampaolo con quien se había asociado el primero, continuar con la obra, tolerando se otorgara un adelanto de 2.500 pesos para reiniciar las tareas, pero exigiendo como contrapartida la garantía de un municipal que los empresarios dieron cumplimiento con el aval de Manuel o. Molina.
 Dos días más tarde solicitaban para continuar la obra el pago semanal de los obreros llegándose finalmente a un acuerdo para que ello se hiciera quincenalmente a fin de alcanzar el objetivo final que era la habilitación de la nueva casa municipal.
 Como además debían pagarse los sueldos atrasados por un valor de 7.600 pesos y el municipio no disponía de fondos, el señor Novillo, dado el ofrecimiento generoso de su colega Molina, se ofreció también para salir junto a algún otro de los señores concejales, de garantía para que se descontase en la sucursal del Banco de la Provincia de Buenos Aires, una letra por valor de 10.000 pesos, siempre que la comisión administradora que presidía Eusebio Chacon destinase esos dineros exclusivamente para la terminación de la edificación, cosa que así se hizo.
 Algunas de las personas mencionadas, que tuvieron importante participación e hicieron posible la concreción del edificio municipal, forman parte de una larga lista de hombres públicos cuyos nombres oportunamente hicimos conocer y que aún están esperando el reconocimiento histórico y generoso de su pueblo, cuya deuda de gratitud aun no ha sido cumplida hacia quienes posibilitaron la finalización de tan importante obra que hoy nos orgullecemos de exhibir ante nuestros visitantes.
 Mientras se realizaban estas tareas y tramitaciones necesarias para que la construcción no quedara trunca, la comisión administradora se ocupaba también de todo lo referente al amoblamiento de las oficinas ya terminadas, abriendo para ello las condiciones y pliegos respectivos.
 Lo mismo hacían las autoridades del Juzgado de Paz que ocupaban parte del nuevo edificio, quienes en febrero de 1891, se dirigían al Ministro de Gobierno de la provincia Dr. Vicente Villamayor pidiendo los muebles necesarios para el juzgado y comisaría local en razón de no existir disponibilidad "en esta plaza" según decía la nota.
 Algunos de los muebles adquiridos en ese entonces, de importante valor histórico en este momento, fueron donados al Museo Fray José M. Bottaro para ser exhibidos como tales.
 Al ser abandonado en 1894 el emprendimiento del museo por haberse anulado el subsidio asignado por el Intendente Comisionado del proceso, el mueble fue retirado del lugar y tras una prolija restauración, se halla hoy en uno de los despachos del Honorable Consejo Deliberante.
 Lo que no está claro es la fecha exacta de inauguración del edificio, pero se han rescatado datos que indican de una asignación de dinero para la terminación edilicia hacia fines de septiembre de 1891, fecha muy lejana de la fecha previamente propuesta por el señor Palombo, quien había afirmado que la obra estaría finalizada a fines de 1890.
 En el contrato firmado entre las autoridades y los constructores del edificio municipal había un compromiso asumido por parte de estos colocar en la parte superior de la torre, el primer reloj público con que contaría el pueblo.
 El empresario se comprometió a entregar con la obra finalizada un reloj con cuadrante de 1,50 metros de diámetro, que tocara las horas y las medias para que el pueblo que no disponía de relojes pudiera estar informado de la hora oficial.
 El contrato establecía su pago por el valor de 1.250 pesos moneda corriente, comprometiéndose a garantizar su funcionamiento durante 5 meses, a cuyo efecto se retendrían hasta dicha fecha después de su colocación, la suma de 500 pesos de la época.
 No alcanzó a sobrepasaren mucho tiempo al establecido como garantía el funcionamiento del reloj, por lo que la población acostumbrada ya a su presencia hizo sentir la necesidad de proceder a su arreglo. El tema fue tratado por el H.C.D que en su reunión del 24 de abril de 1896, en la cual se aceptó la propuesta presentada por don José Raffo de proceder al cambio del mismo, pero 2 días después fue anulada dicha determinación por no haberse llamado a licitación. Luego de ser anulada por irregularidades administrativas, el 18 de julio fue finalmente aceptada la propuesta de Raffo.
 Se aceptaba además el precio estipulado en el mismo presupuesto, que era de 3.000 pesos, nombrándose para administrar la obra a una comisión integrada por los vecinos Enrique Stein, Alfredo Schneiter y Edmundo Homps.
 Algunos documentos manejados en la investigación nos permiten afirmar que esta propuesta tampoco se cristalizó porque el 15 de septiembre de ese mismo año, Stein que era integrante de la comisión administradora de la obra, propuso hacer las verjas de hierro en el tapial contiguo al edificio municipal que ocupaba el juzgado de paz a cambio del reloj que debía ser remplazado por el señor Santiago Lobbe, que no aceptaba el viejo reloj como parte de pago, de donde se puede deducir que quien colocó el reloj en última instancia fue el señor Lobbe.
 Durante el período cubierto por el comisionado municipal Eduardo Gonzalez Bonorino, este se ocupó entre otros aspectos que hacían a las necesidades del pueblo, a la remodelación del edificio municipal y dentro de este específicamente, la terminación del salón de actos que fue inaugurado durante su mandato.
 A fin de dotarlo de los elementos necesarios para hacerlo presentable se adquirieron alfombras y cortinados a la tienda "San Miguel" de Elías Romero y Cía. de la Capital Federal, que si bien accedió a suministrar los elementos mencionados solicito se autorizara al comercio local de González, Geredús y Cía. a firmar las correspondientes órdenes de pago.
 El periódico "El Debate", de fecha 8 de enero de 1905 expresaba que el 9 de diciembre último se había llamado a licitación para completar parte de los arreglos pendientes en el edificio municipal. Estos comprendían la construcción de la vereda en el costado SO y NE del terreno ocupado por la sede administrativa, como así también el piso de la galería, patio y cuadra de la Comisaría de Policía de acuerdo al pliego de condiciones elaborado por la Oficina de Obras Públicas.
 Culminaba de ese modo toda la instrumentación realizada por las autoridades para dotar al pueblo de una sede administrativa acorde a las necesidades.
  
 Fuente: "Historia Documental de San Pedro", Tomo III, "Del pueblo a la ciudad", 1854-1907
 Américo R. Piccagli, Ed. Rafael de Armas y Asociados
  
  
  
  
  
  
  
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<title>Granaderos a Caballo pasaron por Santa Lucía</title>
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<category>San Pedro - Cultura</category>
<description> En la tarde del domingo, arribó a la localidad de Santa Lucía, una delegación de la Asociación "Pasos Sanmartinianos", junto a integrantes del Regimiento de Granaderos a Caballos "Gral. José de San Martín". Como en oportunidades anteriores, Santa Lucía, a través del Museo del Centenario, fue anfitriona del grupo de viajeros que todos los años reviven las rutas hechas por San Martín desde Buenos Aires hasta San Lorenzo (Santa Fe). 
 Alrededor de las 19:00 hs se desarrolló el acto de bienvenida, con formación de los Granaderos, palabras alusivas e intercambio de presentes. Al respecto el Delegado Municipal, Martín Rodríguez, y el Director de Cultura, José Luis Aguilar, recibieron medallas recordatorias de los 200 años de la creación del Regimiento. Aguilar, en nombre del municipio, obsequio, en formato de cuadro, una copia de la carta escrita por San Martín en febrero 1817 donde narra pormenores del combate de Chacabuco. Durante la noche el grupo pernoctó en el club donde fueron agasajados por la comisión del Museo del Centenario con una cena y la actuación del folklorista Hernán Montes y Ricardo Nievas.
  
 Fuente: www.canalwebsanpedro.com</description>
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<title>San Pedro en Kayak, una muy buena alternativa</title>
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<category>Turismo - Excursiones y Paseos</category>
<description> San Pedro en Kayak es una empresa joven formada por 2 importantes valores del deporte sampedrino  dedicada a ofrecer servicios relacionados con el canotaje. Tienen una amplia experiencia como deportistas y entrenadores de la selección Argentina de canotaje. Ahora quieren volcar esa experiencia en brindar un servicio novedoso en la ciudad. Cursos y excursiones en un lugar mágico, la laguna y el Riacho San Pedro. Cada tanto bajarán desde un sitio que hizo historia en nuestro país, Vuelta de Obligado. Vení a disfrutar del río, de la fauna y la flora. Venía disfrutar lejos del caos de la ciudad. Vení y pensá solo en el agua y en los árboles que te rodean. Vení a disfrutar del kayak en San Pedro. Vení a disfrutar de San Pedro... en kayak. 
 Organizadores:
 Los impulsores de este proyecto son los reconocidos deportistas Lucas Contreras y Federico Corleto, los cuales poseen grandes logros a nivel nacional e internacional en la disciplina, lo que los a llevado a recopilar gran experiencia no solo en el deporte mismo sino también en la forma de transmitir sus conocimientos adquiridos. A continuación presentamos una breve reseña acerca de los logros y experiencias de ambos deportistas:
 Lucas Contreras
 Integrante de la selección Argentina de canotaje entre los años 1994 y 2004. Como deportista fue campeón Argentino, Sudamericano, Panamericano y subcampeón del Mundo. Ganó premios como el Revelación Perla Deportiva Sampedrina y Mejor deportista Sampedrino, Revelación Clarín, Bonaerense de Plata, Marinero de Falúa y Olimpia de Plata. Además una vez radicado en España comenzó una gran carrera como entrenador, fue Campeón de Catalunya de Clubes, entrenador de la selección Catalana de mujeres y del Centro de Alto Rendimiento de Terres del Ebre en Tarragona. Desde hace 2 años es entrenador de la selección Española Paralímpica con la que ha logrado 6 medallas en Campeonatos de Europa y del mundo.
 A nivel formación posee los títulos de Iniciador, Monitor y Técnico Deportivo de Primer y Segundo Nivel de la Federación Española de Piragüismo, además de poseer la titulación de Guía experto en kayak de mar y aguas interiores (equivalente a un titulo terciario de deportes) y la titulación de socorrista otorgada por Cruz roja. También trabajó en empresas de la talla de "Caiac i Natura" y "Roc Roi" (www.rocroi.com) como Director de Actividades y en clubes como el Caiac Baix Llobregat como Director Deportivo. Además tiene experiencia como presidente del CCBLL y en la junta directiva de la Federación Catalana de Piragüismo.
 Federico Corleto
 Integró la selección nacional de canotaje en varias oportunidades representando al país en los sudamericanos del 2003 y 2010, coronándose campeón en los k4 500 y 1000 en la categoría cadete y obteniendo un cuarto puesto en k1 200 en la categoría sub 23, es campeón argentino de velocidad y maratón, actualmente representa al Club Náutico San Pedro. Obtuvo premios como el Marinero de Falúa 1830, otorgado por la Prefectura Naval Argentina y el "Paulino", máximo Galardón que otorga el Club Náutico San Pedro.
 Excursiones:
 "Excursión en la Laguna"
 Es una excursión en la que navegaremos por la laguna de San Pedro. Utilizaremos kayaks dobles auto-vaciables, estos son kayaks muy estables y fáciles de navegar.
 Durante el recorrido encontraremos:
- Club Viejo, del CNSP.
- Laguna de San Pedro
- Buque " ARA Irigoyen".
- Flora autóctona.
- Vistas de San Pedro desde el río.
 Para realizar esta excursión no es necesaria experiencia previa, ya que antes de entrar al agua les enseñaremos las nociones básicas para poder controlar el kayak con facilidad. Las salidas son desde el Club de Pescadores.
Dificultad: Baja
Duración: 2 horas.
Distancia: 2 millas (3,7km)
Grupo mínimo: 4 pax
Edad mínima: 8 años
Que incluye: Kayak, pala, chaleco, explicación técnica y seguro.
Recomendaciones: Les recomendamos llevar remera, malla, calzado para mojar, crema solar, ropa de recambio y repelente
  
 "Excursión Vuelta de Obligado"
 Es una excursión en la que navegaremos en Vuelta de Obligado. Utilizaremos kayaks dobles auto-vaciables, estos son kayaks muy estables y fáciles de navegar.
 Durante el recorrido encontraremos:
- Antiguas edificaciones.
- Laguna de Gomez
- Flora y fauna autóctona
- Vistas desde el río.
 Para realizar esta excursión no es necesaria experiencia previa, ya que antes de entrar al agua les enseñaremos las nociones básicas para poder conducir y controlar el kayak con facilidad. Las salidas serán desde el muelle de los pescadores.
Dificultad: Baja
Duración: 2:30 horas.
Distancia: 2,6 millas (5 km aprox)
Grupo mínimo: 10 pax, máximo de 20
Edad mínima: 8 años
Que incluye: Kayak, pala, chaleco, explicación técnica y seguro.
Recomendaciones: Les recomendamos llevar remera, malla, calzado para mojar, crema solar, ropa de recambio y repelente.
  
 Contacto: Mónica Alarcón. Cel. 03329-1552-2100
 E-mail: sanpedroenkayak@hotmail.com</description>
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<title>Asilo María A. de Gomendio</title>
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<category>San Pedro - Historia</category>
<description> La historia del Asilo María A. de Gomendio, es la historia de una de las instituciones más importantes en la sociedad sampedrina, ya que la misma se encargaba de dar un hogar a los niños huérfanos que carecían del mismo.
 La creadora del asilo, la señora María Aroza nació en Francia, fueron sus padres Don José Aroza y María Lollé; contrajo matrimonio con José María Gomendio natural de España el 3 de noviembre de 1869 en el pueblo de Arrecifes, enviudando el 23 de septiembre de 1900, luego de haber formado una cuantiosa fortuna en el partido de Ramallo. 
 Sola y sin hijos se instaló en San Pedro donde encontró el afecto de personas amigas, las motivaciones que harían despertar en su espíritu el afán de prodigarse hacia los demás, pensando en la niñez huérfana, abandonada, desvalida y necesitada, impulsada por sus fieles amigas María San Sebastián de Rodríguez Moujan, y Corina San Sebastián de Suero.
 La señora María Aroza ya había dado muestras de su generosidad, al donar el instrumental completo para el hospital local, pero su espíritu altruista necesitaba completar su obra creando una institución dedicada a proteger a la niñez desvalida.
 Para tal fin adquirió varias parcelas de la manzana situada entre las calles Salta, Rivadavia, Areco y 9 de Julio, no muy lejos de su casa particular, ubicada frente a la plaza de la Iglesia, conformando luego una comisión que tendría a su cargo llevara adelante el proyecto.
 Esta no solo supo interpretar el espíritu de la donante, sino llevarlo a la práctica rápidamente, por lo que el día 25 de marzo de 1905, se colocó la piedra fundamental de lo que inicialmente se denomino "Asilo de niños huérfanos".
 Dicha comisión estuvo integrada por don Casimiro Suero, esposo de una de sus amigas, el Dr. Abel R. Noceti, don Edmundo Homps, Pablo Carlevarino, don Vicente Basavilbaso y don Adolfo Laurín.
 El proyecto iniciado adquirió forma definitiva y abrió sus puertas el 31 de marzo de 1908, bajo la dirección y administración de una comunidad religiosa, las Hermanas de Nuestra Señora de la Misericordia, siendo la primera Superiora Sor María Albina Musetti.
 Lamentablemente la autora de tan preciado legado al pueblo de San Pedro y de las 482 hectáreas ubicadas en el cuartel 5° de Pergamino, para funcionamiento de la Fundación, no pudo ver la culminación de su tarea al fallecer el 8 de octubre de 1906.
 No obstante a ello, el Asilo, hoy "Hogar María A. de Gomendio" inició su obra albergando 15 niñas y 15 niños; la falta de comodidades para albergar con suficiente separación las dos secciones, hizo que se eliminara en 1931 la de varones sustituyéndolos por igual número de niñas.
 Este hecho fue lo que impulsó más tarde en otro orden la creación de la escuela de Artes y Oficios para varones.
 El Hogar mencionado funcionó con el apoyo permanente de una asociación, constituida por señoras y señoritas que apoyaron en todo a las Hermanas, para favorecer a las niñas huérfanas o desvalidas del lugar que necesitaran alojarse en él.
  
 Fuente: "Historia Documental de San Pedro", Tomo III "Del pueblo a la ciudad" 1854-1907
 Américo R. Piccagli, Ed. Rafael de Armas y Asociados</description>
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<title>Bailes y Carnavales de antaño</title>
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<category>San Pedro - Historia</category>
<description> Los bailes públicos de antaño gozaron de gran predicamento entre la población, no solo por su carácter festivo sino porque constituían algunos de los pocos acontecimientos que permitían las reuniones de jóvenes y el inicio de alguna relación que podía terminar en el altar. Eran de gran importancia para la sociedad, que veía en estos eventos uno de los pilares de lo que respecta a socializacion de sus habitantes. 
 Los clubes Artesanos, Unión y Juventud Unida deben su nacimiento precisamente al deseo de aquella sociedad por contar con lugares recreativos que posibilitaran la realización de encuentros sociales. A estos clubes sociales debemos agregar algunos salones particulares como el ubicado en la calle Boulevard Moreno propiedad del señor Forastieri, donde actuaban los conjuntos Los Argentinos y Los Artesanos; o el que el señor Schneider poseía en un lugar que no se ha podido determinar y en el que la sociedad filarmónica "La Lira" era la encargada de animar los bailes.
 La sociedad coral y musical "La Lira" era un conjunto formado por jóvenes músicos que con sus guitarras, flautas o mandolinas y bajo la dirección de Delfín Geli le robaban horas a su descanso para realizar los ensayos y poder así animar algunas reuniones en los salones de bailes.
 Se distinguían por su vestimenta uniforme de color negro con sombrero a semejanza de algunas guardias militares con un plumón blanco en su frente.
 La sociedad coral "Los Argentinos" en cambio contrastaba con aquella por su pantalón, camisa y gorra blanca al igual que sus zapatillas, no así las medias que eran negras y que sujetaban los pantalones simulando ser botas.
 Algunas agrupaciones como "La Unión Sampedrina" y "Juventud Unida" que carecían de local realizaban sus bailes alternativamente en algunos de los salones que hemos mencionado o acordaban en determinadas circunstancias una temporada con la sociedad italiana e cuyo salón en forma alternada animaban sus bailes.
 Por su parte el Club Unido mantenía una tradición que venía de los tiempos de su fundación realizando bailes en las vísperas de las festividades patrias y a cuyo realce contribuían las autoridades locales que realizaban aportes para tal fin encargándose además de efectuar las invitaciones oficiales; actuaba en estos casos un sexteto dirigido por el profesor Rafael Matas.
 En algunas oportunidades los bailes de disfraz y fantasía solían realizarse en el salón del Palacio Municipal encargándose una Comisión Especial de fiestas de efectuar las invitaciones para concurrir al mismo, pero en la mayoría de los casos se realizaban en el salón del Club Unido.
 Para concurrir a estos eventos los caballeros debían abonar entrada, en cambio las señoras y señoritas como en los demás locales entraban gratis.
 La iluminación eléctrica fue una novedad importante en los bailes de carnaval de principios de siglo, los cuales adquirieron otra categoría con este avance tecnológico.
 En cuanto a los corsos, estos tenían una etapa preliminar en la que las autoridades designaban una comisión encargada de la organización de las fiestas carnavalescas, que comprendían no solo la autorización de los bailes sino resolver que calles serías las afectadas para la realización de los corsos; generalmente se inclinaban por aquella cuyos comerciantes más contribuían con sus aportes en dinero a la realización de los mismos.
 La rivalidad por sobresalir con estos eventos se daba entre los comerciantes de la calle Comercio y Mitre. Cuando se realizaba por esta última el mismo salía desde la calle Obligado a Fray Cayetano Rodríguez; en algunas oportunidades resultó pequeño para contener el inmenso número de vehículos, más de 150 según los comentaristas de la época, por lo que debió prolongarse hasta la 9 de Julio dando la vuelta completa a la plaza hasta llegar a Comercio y Defensa, es decir que el recorrido del corso se extendía en 5 cuadras.
 El espectáculo continuaba hasta casi las 11 de la noche en que una bomba de estruendo marcaba la hora de clausura del corso y el comienzo del juego con baldes y bombas provocando un gran desbande entre las concurrentes femeninas, no faltando algún incauto que recibiera alguna ducha impensada.
 Para evitar inconvenientes, los mayores siempre ayudaban desde el día anterior a su inicio a desocupar las salas, descolgando los retratos del papá y la mamá y de algún hermano difunto, al igual que las mesas y sillas para ubicarlas en el interior de alguna habitación contigua, dejando la pieza limpia para ubicar junto a la ventana que daba a la calle las tinas con agua, los baldes y los jarros a la espera de la tan ansiada tarde de carnaval.
 Ese día las bellas niñas y los mozos de la vecindad acudían a una verdadera lucha sin cuartel, buscando el refresco que tarde o temprano llegaba, hasta que la mamá o alguna tía enojada que nunca faltaba, ponía orden echando a los imprudentes y trancando la puerta de calle.
 Así eran los carnavales hacia finales del siglo XIX y comienzos del XX, según crónicas de la época, en los cuales luego de pasado el momento de alegría y esa especie de lucha acuática, comenzaban los aprontes para el baile de la noche.
 Los excesos cometidos por aquellos que hacían de esa fiesta un vale todo que obligó a las autoridades municipales a distar algunas ordenanzas para reglamentar los juegos de carnaval entre las 12 del día y después de entrado el sol.
 Según estas medidas se prohibía dentro del perímetro establecido por las calles 11 de Septiembre, 3 de Febrero y América, "hacer uso de harinas, polvos, cáscaras de huevos u otros objetos que puedan manchar los vestidos o dañar a las personas".
 Tales medidas reglamentaban también el desfile de los carruajes y los disfraces, estableciendo las multas correspondientes a los infractores.
 Establecían también la reglamentación a que debían sujetarse las casas de bailes públicos que no podían establecerse a menos de 3 cuadras del templo o de las casas de educación, como así también la prohibición de venta de bebidas alcohólicas. La misma englobaba también a los espectáculos públicos, prohibiendo su realización a puertas cerradas o "aquellos notoriamente inmorales u obscenos".
 Los jóvenes que hoy se enojan contra las limitaciones, podrán apreciar que en todas las épocas se dieron estas, para poner freno felizmente, a los excesos y abusos de aquellos que no reconocen ningún tipo de ordenamiento o respeto.
  
 Fuente: "Historia Documental de San Pedro", Tomo III "Del pueblo a la ciudad" 1854-1907
 Américo R. Piccagli, Ed. Rafael de Armas y Asociados
  
  
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<title>Historia de la Fruticultura</title>
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<category>San Pedro - Historia</category>
<description> En cada oportunidad que se habla de los antecedentes de la fruticultura sampedrina se menciona don Enrique Garret como el precursor de la misma y como el hombre emprendedor que introdujo grandes variantes en los períodos de maduración del duraznero.
 En referencia al primer aspecto no es así, según se expondrá de inmediato; en cuanto a la excelencia de los frutales, sí le cabe el honor de ser el pionero de la calidad frutícola al introducir yemas europeas y difundir, por otra parte, el sistema de injerto por escudete o yema dormida. 
 Respecto a este personaje, debemos expresar que siendo trabajador de la destilería "La Estrella", al tener que abandonar la misma consecuencia del cierre del establecimiento en el año 1895, se dedicó a la explotación del rubro que se convertiría en uno de los importantes pilares de la economía local.
 En esta determinación tuvo especial influencia la amistad surgida en Francia con Angel Peluffo, dueño de "Viveros Peluffo", hijo del dueño de la firma importadora-exportadora "Viveros Angel Peluffo y Cía. Ltda."
 Según informes de periódicos de la época, la fruticultura ya comenzaba a tener importancia ya que se anunciaban avisos de ventas de plantas de duraznos; por ejemplo un aviso de mayo de 1897 en el periódico "El Independiente", en el cual de detalla la venta de 10.000 plantas de duraznos a cargo de los señores Gambandé y Domingo, los cuales trabajaban en el campo de Bibolian.
 La actividad ya se encontraba en pleno desarrollo allá por 1885, año en que don Luis Rellion ofrecía plantas frutales injertadas a todos los que quisieran dedicarse a dicha actividad, ofreciendo por otra parte el traslado en carro a los compradores del pueblo, pudiendo recabar más informes en el "Almacén del Sol".
 Los franciscanos fueron los primeros en introducir ejemplares de cítricos y probablemente de durazneros también, que luego inmigrantes interesados en dicha explotación como los Bensenny, Roselló y Porta, desarrollaron una interesantísima actividad en el partido.
 La labor de don Henry Garret abarcó otros importantes aspectos de la actividad frutícola, en la que nadie pone en duda su acción pionera ni la discute, como ser la referente a la calidad de la explotación y la industrialización de su producción.
 El 27 de mayo de 1917, Henry Garret adquirió el establecimiento frutícola "La Pomona", el cual era propiedad de Aniceto González; además fue propietario de el establecimiento "La Treinta y Uno", camino a Gobernador Castro y "Los Olivos", ubicado sobre la ruta 191, hoy propiedad de la familia Gomila.
 Fue en este último establecimiento donde Garret inició su actividad, el cual lo dedicó a viveros y a la explotación vinícola, contando con una plantación inicial de 7 hectáreas, las cuales le permitían obtener una producción anual de 60 toneladas de uva, destinada en su gran mayoría a la producción de vino.
 En dicho lugar explotaba dos clases de uva, la americana y la francesa, siendo esta última la de su preferencia, por su tamaño, sabor y por sus granos carnosos. Fue tal el entusiasmo por los resultados obtenidos que proyectaba acrecentar sus viñedos en 20 hectáreas más para conformar la creciente demanda de vino que elaboraba en su establecimiento, que contaba con 4 cubas de fermentación de 800 litros cada una, donde era pisado el fruto.
 Terminada la etapa de fermentación el líquido era filtrado, depositado en barriles y sometido a los cuidados propios de un conocedor de la actividad.
 La actuación de don Enrique, no se limitó a la producción de uvas y elaboración de vino solamente, su interés por ver progresar este rincón de la tierra que adoptó como propio lo llevó a producir una gran variedad de frutales.
 En el establecimiento de su propiedad "La Pomona", desarrolló la explotación de una gran variedad de plantas frutales que habrían de convertirlo en modelo dentro de la actividad frutihortícola; "nunca visto todavía, no solo en San Pedro, sino también en los alrededores" expresaba una revista de la época.
 En ese tiempo contaba con 37.000 ejemplares de peras, 7.000 de duraznos, 4.000 de manzanos, una gran cantidad de ciruelos, damascos y olivos, algunos de los cuales aún sobreviven, como así también una interesante huerta cuya producción sería industrializada tiempo después.
 Como dato saliente se indica que la producción de peras alcanzó en determinado momento los 45.000 cajones remitidos todos a la plaza de Buenos Aires por intermedio de la firma José Peluffo y Cía. que ninguna relación tiene con la firma anteriormente mencionada, de los cuales 10.000 eran enviados a Europa.
 Don Enrique Garret supo aprovechar sus conocimientos químicos para la elaboración de dulces que en algunos periódicos de la época eran ofrecidos para el consumo por su calidad y por la pureza de su proceso de elaboración.
 Se han encontrado cuadernos y archivos pertenecientes a la elaboración de los distintos productos del establecimientos, los cuales detallan procedimientos precisos y exactos acerca de cómo se realizaban los productos, sus cantidades, el personal que formaba parte de la cadena de producción, insumos requeridos, coste del jornal de los trabajadores, etc. Estos datos verifican que en dicho lugar no se dejaba nada librado al azar, sino que se trabajaba con una minuciosidad extrema.
 Además de los productos anteriormente mencionados, en la planta se producían pepinos, cebollas, coliflor, zanahorias, ajíes y pikles en vinagre, etc. A ello debe agregarse también la manufactura de  salsa de tomates, dulce de peras, de duraznos, de membrillo, de zapallo, de batata, de damascos, como así también mermeladas de todo tipo y algunos licores.
 El establecimiento contó con un vivero interesante en seleccionadas variedades de plantas que eran demandadas por compradores ubicados en los distintos puntos del país.
 En fin San Pedro tuvo el privilegio de contar con uno de los pioneros de esta actividad, que es hoy la base de una economía regional, ya que Garret puso sus conocimientos para la divulgación de una explotación que día a día se fue acrecentando sobre la base de aquellos primeros emprendimientos.
  
 Fuente: "Historia Documental de San Pedro", Tomo III "Del pueblo a la ciudad" 1854-1907
 Américo R. Piccagli, Ed. Rafael de Armas y Asociados</description>
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<title>Historia de la Banda de Música</title>
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<category>San Pedro - Historia</category>
<description> La constitución y el mantenimiento de una banda de música si bien suena a algo increíble, ha sido siempre motivo de preocupación en nuestro pueblo y los esfuerzos realizados con ese fin aunque parezca mentira han sido siempre de difícil éxito.
 No hay que culpar del fracaso a la falta de elementos ni tampoco a la ausencia de disposiciones de algunos entusiastas en llevar adelante el proyecto, sino a otras causas que siempre han culminado en que la banda de música no llegara a ser una realidad permanente. 
 El inicio de las actividades tendientes a conformar una banda musical local, lo destacan las normas aprobadas el 20 de marzo de 1876 por la Corporación Municipal la cual establecía como condición de su apoyo tocar los días de la Patria y en otras fiestas solemnes, o donde la Municipalidad lo indicara.
 De ese modo se iniciaron las actividades que culminarían poco tiempo después con su integración en el Club Artesanos. En sus comienzos el Municipio se comprometió a contribuir con la compra de instrumentos primero y con una subvención mensual de 600 pesos después.
 Corresponde al talentoso y destacado músico Rafael Matas el mérito de ser el organizador de la primera banda de música que tuvo como integrantes a José Casella, Francisco Racondo, Alberto Chiara, Luis Atilio, Francisco Gubert y Alejandro S. Mascetti.
 Don Rafael Matas nació en España y luego de haberse graduado en su pueblo natal vino a San Pedro allá por 1871, seguramente a instancias de algún paisano suyo radicado aquí; con el tiempo muchos catalanes seguirían sus pasos para conformar la numerosa colonia que hoy desarrolla su actividad en nuestro partido.
 Este músico y compositor educado en un monasterio y luego graduado en el Liceo de Barcelona es el primer músico que registramos en la historia de nuestro pueblo al que llegó contratado por los directivos del entonces recién fundado club Unión.
 Dos años después del inicio de las actividades, y ya pasado el entusiasmo por la formación de la banda, comenzaron las deserciones como consecuencia del incumplimiento al compromiso contraído por algunos de los integrantes, lo que hizo ingresar a la agrupación en la inoperancia y abandono de su actividad normal.
 Esto dio lugar a que el 19 de agosto de 1881 las autoridades municipales modificaran la situación resolviéndose pasar a la Biblioteca Popular la contribución que se le otorgaba. A ello se agregó más tarde la falta de tiempo para los ensayos de quienes debían trabajar, que agregado a la falta de una comisión entusiasta agravó aún más la situación.
 En esas condiciones y precariamente se mantuvo hasta que al promediar la década del 90 siendo en esos momentos flamante Intendente don Moisés Novillo, que había sido administrador y presidente de la comisión pro-banda de San Pedro, trató de reorganizar la misma.
 El Intendente invitó a todos los sampedrinos a prestar ayudas en forma privada para recuperar aquel conjunto que había demostrado con sus actuaciones en los paseos públicos, la cultura musical de los habitantes del pueblo.
 La respuesta de los vecinos hizo que en poco tiempo se llegara a un interesante grado de adelanto, pero pronto comenzó a flaquear nuevamente el entusiasmo de algunos que por razones aparentemente justificables fueron dejando claros en las filas del conjunto.
 La llegada del nuevo siglo trajo también un hecho inusual en el pueblo, la presencia de un comisionado que impuso unilateralmente una modificación en la subvención y con ello una nueva complicación temporaria en la vida de la banda.
 No obstante, se recuperaron las retretas en el paseo sobre las barrancas y los conciertos en la Plaza Constitución, que normalmente se veía repleta de jóvenes y señoritas, que ocupaban los bancos colocados alrededor del lugar, que hacía las veces de escenario y que luego fuera ocupado por la fuente inaugurada en 1905.
 En ese año, más precisamente el 20 de septiembre, se estrena una nueva banda de música llamada "La Popular", cuya dirección quedó en manos del brillante músico Antonio Vitale, que en poco tiempo logró un éxito tal que impulsó a quienes lo apoyaban, sin solicitar el apoyo del municipio.
 Ese año también se impulsó la idea de establecer una escuela musical similar a las que había en muchos de los pueblos provinciales por ese entonces, según datos de la revista "La Tribunita", con fecha del 13 de septiembre de 1905.
 En base a esa predisposición de la gente, no costó mucho a los entusiastas del proyecto llegar a concretarlo, , por lo que la banda volvió a estar presente los domingos y días festivos con sus actuaciones en la plaza, en este caso ya también la de Belgrano, monopolizando nuevamente la presencia de aquellos. A partir de ese momento su concurrencia a los actos patrióticos fue infaltable.
 Al desintegrarse la banda,  varios de sus músicos pasaron a formar parte de algunas orquestas populares, entre ellas "La Cuarentona", que se dedicaron a animar los bailes populares.
  
 Fuente: "Historia Documental de San Pedro", Tomo III, "Del pueblo a la ciudad", 1854-1907
 Américo R. Piccagli, Ed. Rafael de Armas y Asociados.</description>
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<title>Historia del Proyecto de canalización del río Arrecifes</title>
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<category>San Pedro - Historia</category>
<description> La primera parte de este punto lo desarrollamos al hablar del puerto de San Pedro, por lo que nos remitimos directamente al proyecto de canalización para la navegación regular en la región norte de la Provincia, desde Mar Chiquita en el partido de Junín hasta el riacho de Baradero en el partido de San Pedro, utilizando en toda su extensión el río Arrecifes, siguiendo el curso de éste y el de Salto para utilizar eventualmente un canal excavado hasta alcanzar la laguna de Gómez, de donde se derivarían por gravitación las aguas de ésta y por medio de otro canal excavado llegar a la laguna de Mar Chiquita. 
 Tal proyecto tuvo nacimiento en un decreto del Poder Ejecutivo provincial que firmaron el gobernador Marcelino Ugarte y su Ministro de Obras Públicas Angel Etcheverry por medio del cual encomendaban al Departamento de Ingenieros a practicar inmediatamente un estudio de canales de navegación en la región norte de la provincia. Dicho estudio debía abarcar el río Arrecifes desde su desembocadura hasta el lugar llamado Mar Chiquita en el partido de Junín y un canal de navegación que arrancando desde las proximidades del Puerto de La Plata que llegara hasta el pueblo de Olavarría.
 Las obras presupuestadas abarcaban todas las necesidades requeridas desde un principio para una buena explotación económica, comprendiendo además futuras ampliaciones que podrían llevarse a cabo en la medida que la exigencia de su explotación así lo requirieran.
 Lo fundamental de este proyecto estaba centrado en la aproximación del cereal de una vasta zona de más de 1.100.000 hectáreas que abarcaría a los partidos de Baradero, San Pedro, Bartolomé Mitre, Salto, Chacabuco, Junín y Arenales hacia los puertos de ultramar, circunstancia esta que daría nacimiento en el futuro a otro interesante proyecto de tipo ferroviario ya mencionado en un artículo anterior.
 El estudio fue aprobado por el Gobernador el 19 de septiembre de 1903, que se decidió a elevar oportunamente mensaje a la Honorable Legislatura a fin de pedir la autorización correspondiente para ejecutar la obra, pero como otras tantas brillantes iniciativas no pasó más que eso, de una brillante iniciativa.
 El resultado final nos dice que mucha razón tuvo Luis A. Huergo cuando dijo que el proyectado Canal del Norte entre Junín y el Paraná era un fracaso por la falta de un estudio serio.
  
 Fuente: "Historia Documental de San Pedro", Tomo III "Del pueblo a la ciudad" 1854-1907
 Américo R. Piccagli, Ed. Rafael de Armas y Asociados</description>
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<title>Creación del Consejo Escolar</title>
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<category>San Pedro - Historia</category>
<description> El año 1875 fue de suma importancia en el ámbito escolar, ya que se dicto la ley de creación del Consejo Escolar, que en futuro entendería todo lo atinente en materia educativa. Antes de que sancionara dicha ley, las autoridades integrantes de la Corporación Municipal, en su reunión del 3 de febrero destacaron la actuación de la Preceptora Lucía Chiara, mencionándola como "una obrera del progreso del pueblo". 
 Recién el 18 de septiembre de 1875, el Municipio recibió una extensa circular del Director General de Escuelas, conteniendo varias consideraciones acerca de la nueva Ley de Educación y donde se hacía presente a las autoridades locales que debía empezarse a dar cumplimiento a esa ley convocando al vecindario del partido para la elección  de 3 representantes para conformar el Consejo Escolar de San Pedro.
 La Corporación Municipal en la reunión efectuada el 17 de diciembre de 1875, resolvió dar cumplimiento a la nueva ley del 26 de septiembre de 1875 convocando al vecindario para el día domingo 2 de enero de 1876 a los efectos de proceder a la elección de 3 consejeros, asignándose $500 mensuales para los gastos que demandara el cumplimiento del cometido.
 Resultaron electos para titulares, Facundo Quiroga, Eugenio Arnaldo, Eduardo R. Molina, Juan José Muro y Gerardo Bozzano, y para suplentes Felipe de Las Heras, Pedro Escola, Guillermo Guntsche, Moisés Novillo y Tomás Salas.
 El 5 de febrero renunciaron al cargo para el que habían sido electos, Facundo Quiroga, Eduardo R. Molina, y Eugenio Arnaldo, por eso recién el 8 de abril se comunica a la Corporación haberse instalado el Consejo Escolar bajo la presidencia de don Pedro Escola, actuando como secretario don Rafael Matas, mientras que como Tesorero actuaría don Pedro Guntsche, quedando a cargo de la Inspección don Gerardo P. Bozzano. El nuevo organismo comenzó sus actividades ubicando su sede en las calles Salta y Buenos Aires.
 La primera nota que sale del Consejo Escolar tiene como objetivo pedir que se informe con toda exactitud el cálculo de las rentas municipales de todo género presupuestadas para el ejercicio de se año, a fin de dar a conocer a cuanto ascendería el subsidio con que la Corporación debía contribuir para los gastos de la educación del partido de acuerdo a lo que disponía el artículo 73 de la nueva ley.
 También se pedía información acerca de la época en que el municipio podía hacer entrega del subsidio a fin de distribuir el mismo. De ese modo iniciaba su vida activa el nuevo organismo que había de participar en el manejo de la educación hasta nuestros días.
 Las primeras medidas de los Consejeros Escolares fueron como puede apreciarse de tipo administrativo, pero atento a que la Comisión examinadora es las escuelas comunes se designaba a nivel municipal y cuyos miembros incursionaban en temas educativos, estos tuvieron serios enfrentamientos con los encargados de la enseñanza como se detallará más adelante en el informe.
 En sus comienzos, desde el Consejo Escolar se tomaron decisiones algo controvertidas ya que eran de carácter agresivo y/o autoritario como la supresión de la Escuela N°2 para convertirla en un establecimiento mixto, así como también ordenes autoritarias para con los miembros que componían el mismo Consejo.
 En la actualidad el Consejo Escolar se ubica en la esquina de Ituzaingó y Ayacucho, sede misma de la Oficina de Empleo Municipal, la Dirección de Rentas y del Registro Civil.
  
 Fuente: "Historia Documental de San Pedro", Tomo III, "Del pueblo a la ciudad" 1854-1907
 Américo R. Piccagli, Ed. Rafael de Armas y Asociados.</description>
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<title>Llegada del Ferrocarril a San Pedro</title>
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<category>San Pedro - Historia</category>
<description> El ferrocarril constituyó el factor más importante  de progreso instalado en el siglo XIX, que cambió la vida del país todo; San Pedro vivía con ansiosa espera la llegada de la línea férrea que desde Campana se estaba construyendo hacia y desde Rosario, lo que permitiría la comunicación con aquella ciudad y con Buenos Aires. 
 El periódico El Comercial se ocupaba en 1885 de comentar las obras en ejecución vaticinando que muy probablemente en noviembre de ese año se inauguraría el servicio.
 A partir de 1886, fecha en que llega a San Pedro el ramal del ferrocarril, comienza a transformarse su economía, su cultura y su sistema de vida. La línea en esos momentos era propiedad del Ferrocarril del Oeste que ya había establecido una línea telegráfica a Rosario vía San Nicolás. Dicha empresa lo administró hasta el año 1900, en que pasó a ser propiedad del Ferrocarril Central Argentino.
 Hasta ese momento las comunicaciones de San Pedro con Buenos Aires o Rosario se realizaban vía fluvial, teniendo una gran incomodidad pues los pasajeros debían trasladarse hasta el pontón ubicado fuera de la boca de la laguna donde los vapores de la carrera intercambiaban la correspondencia, recibían la carga y facilitaban el ascenso de aquellos.
 Al inaugurarse el ferrocarril la empresa a cargo de aquel servicio rebajó los pasajes a mitad de precio recomendado para el caso verse con su agente local señor Pablo Prato.
 Por su parte J.A. Vilallonga y Cía. autorizada por contrato con los ferrocarriles ofrecía sus servicios de cargas, encomiendas y equipajes al comercio en particular y al público en general, habiendo designado agente en la localidad al señor Ventura Fraga, un auténtico representante de las mensajerías y transporte a nivel local.
 La inauguración de las comunicaciones vía ferrocarril produjo un cambio sustancial en la vida de la población, que inició una rutina nueva al trasladarse hasta la estación ferroviaria en un paseo cotidiano a la espera del paso de los trenes, de las informaciones que los pasajeros eran portadores y también de los periódicos y diarios de la Capital Federal.
 El edificio de la estación en que todo era nuevo, se prestaba como novedad y por su gran movimiento de personas como el centro de reunión, donde los jóvenes disimulando la espera de algún viajero intentaron en más de una ocasión establecer alguna relación amorosa.
 Así de este modo se fueron dando los sucesivos cambios en las costumbres pueblerinas, donde cada adelanto, como la incorporación de la energía eléctrica, el agua corriente, el pavimento o las tradicionales cocinas económicas que reemplazaron al antiguo fogón, etc. Tales cambios significaron una transformación en la manera de vivir de cada uno y la adopción de nuevas modas que poco a poco le dieron esa fisonomía e imagen propia a la ciudad.
  
 Fuente: "Historia Documental de San Pedro", Tomo III, "Del pueblo a la ciudad" 1854-1907
 Américo R. Piccagli, Ed. Rafael de Armas y Asociados.</description>
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